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11/08/2022

Resumen de Al-Andalus para estudiantes de ESO

Disculpe el lector la ausencia de referencias, debida a que se me ha pedido el texto inesperadamente y me suscita cierta urgencia.

Al-Andalus es como llamaban los árabes a la Península Ibérica. Hay quien dice que el nombre es una deformación:

  • de Vandalicia (lote de tierras que habían tocado a los vándalos 300 años antes de que los árabes llegaran a la Península); o
  • de Atlantis (de acuerdo a una interpretación occidental de la Biblia que consideraba que la mítica isla de Platón era en realidad la tierra que cerraba el Mediterráneo por el Oeste; interpretación que dio también en que Breogán, Ith y otros personajes legendarios irlandeses se interpretasen como procedentes de España y no de su original tierra de seres semidivinos más allá del océano occidental);
  • además de otras posibles etimologías propuestas.
En cualquier caso, Al-Andalus se refiere al reino visigodo de España después de que los árabes+moros+musulmanes, gracias a la división del reino y a ciertas ventajas en técnica militar, tomaran su control (y, de paso, trasladaran la capital desde Toledo a Córdoba, capital de la provincia España Bética desde tiempos de Roma).

El dominio árabe del reino y la Península sólo correspondió con todo el territorio en el primer momento (primera mitad del s. VIII); ya que desde mediados del s. VIII la rebelión de los beréberes sometidos a los árabes permitió la consolidación de un reino cristiano centrado en Asturias y luego en León, mientras que en el nordeste del reino los francos se hicieron primero con el control de la parte del reino entre los Pirineos y el río Ródano (que hoy no pertenece a España sino a Francia) y luego de la Marca Hispánica al sur de los Pirineos.

Tras una nueva guerra civil en el califato islámico, en que la dinastía omeya fue derrotada y casi exterminada por su rival la abasí, el heredero de los omeyas, Abderramán, huyó a Al-Andalus, donde estableció su emirato (señorío) independiente de los abasíes. Sus descendientes reclamaron también la supremacía religiosa como califas.

Este estado unificado de Al-Andalus dominado por los musulmanes perduró unos tres siglos desde la conquista hasta su fragmentación en los primeros reinos de taifas, la mala fama de cuya división se ha hecho proverbial en la lengua española. Estos pequeños reinos guerreaban unos contra otros lo mismo que los varios reinos cristianos entre sí en un auténtico juego de tronos de alianzas que se hacían y deshacían, pero con el paso del tiempo los cristianos cobraron conciencia de un objetivo a largo plazo: recuperar el reino godo bajo el dominio cristiano; y ante esto la frontera entre Islam y Cristiandad se fue moviendo hacia el sur, con ocasionales retrocesos puntuales.

Algunas de las taifas no dejaron de mostrar en varias ocasiones un esplendor económico y cultural, pero en lo político y militar la debilidad fue la norma, y llegaron a pedir en varias ocasiones ayuda a señores guerreros moros ya islamizados del noroeste de África (almorávides, almohades, benimerines), que ejercieron sobre ellos un dominio temporal antes de que se volviese a la división en taifas.

Después del período de los segundos reinos de taifas el territorio dominado por musulmanes era tan pequeño y compacto geográficamente que sólo podía dar lugar a un reino, el de Granada, cuyo territorio corresponde aproximadamente con las actuales provincias de Málaga, Granada y Almería. Más de dos siglos duró este último reino de Granada, hasta caer presa de la división interna y las armas de la Corona de Castilla. Desde entonces el símbolo de una granada forma parte del escudo de España.

Aparte del enorme flujo cultural (procedente de la Antigüedad clásica, de los árabes, de Persia y más allá) que a través de Al-Andalus pasó a Europa, políticamente las divisiones de Al-Andalus y las etapas de su conquista por los reinos cristianos borraron la antigua división de la Península en provincias, que con pocas variaciones venía de Roma, y formó la base de la división de varios de los reinos/regiones y de algunas de las provincias de España.

02/03/2021

Atando cabos sobre los orígenes etruscos

En el último año y medio, aproximadamente, he dado con una serie de hilos de la Historia, a los que me he acercado atraído por el interés por temas diversos, que han convergido en ponerse de acuerdo acerca de un mismo asunto que por lo demás es todavía objeto de cierto debate entre historiadores, lingüistas y demás exploradores de la Antigüedad, lo que a saber podríamos dar en denominar los orígenes etruscos.

Tratando por separado los diversos hilos:

  1. El marco de los orígenes etruscos lo proporciona el más general de las antigüedades y orígenes indoeuropeos. El estado de la cuestión me parecía relativamente asentado tras haber leído el fantástico compendio de F. Villar Los indoeuropeos y los orígenes de Europa, rubricado años más tarde por The Horse, the Wheel, and Language (David W. Anthony). Estando así las cosas, quise ponerme al día con las últimas obras de Villar, y acabé sorprendido por la evolución de las ideas del autor (muy razonada y razonable, todo sea dicho) y con un concepto mucho más profundo de la indoeuropeidad como es el que Villar et al. aportan en Lenguas, genes y culturas en la prehistoria de Europa y Asia suroccidental. Obra que, tirando del hilo, me llevó a otra, rompedora pero de conclusiones exageradas: M. AlineiOrigini delle lingue d'Europa (2 vols. voluminosos). Respecto a los etruscos, con lo que me quedo aquí es con la razonable conclusión de Villar respecto a que la indoeuropea (o "arqueo-indoeuropea", en términos de Villar, o para-indoeuropea) es la capa lingüística más antigua detectable en la mayor parte de Europa. Y en particular en Italia.
  2. Interesádome desde tierna edad por esa lograda ficción lingüístico-histórica que Tolkien creó, la obra biográfica Tolkien y la Gran Guerra (J. Garth) me llevó a la persona de L.R. Farnell. Como yo había tratado en un artículo de juventud la inspiración que los Valar de Tolkien tienen en los dioses clásicos, basada en las diferentes hipótesis lanzadas por Robert Graves y Marija Gimbutas desde diferentes campos, recalé de natural modo en The Cults of the Greek States, donde inesperadamente encontré la hipótesis de que pueda ser "el relato de las andanzas de Eneas el recuerdo legendario de la difusión de este culto" (el de Afrodita Aineias diosa del mar; p.638).
  3. Esto nos lleva a la vinculación de parte de los orígenes de Roma, los que Virgilio hizo remontar a Eneas en la Eneida, con la Tróade. Muy notable es el personaje de Tarcón, sobre cuyo nombre abundamos abajo, pero cuyo pariente Tirreno apunta a la relación de los etruscos con los tirsenos (v. punto siguiente). Con todo, el relato de las andanzas de Eneas y sus troyanos, que exhibe una descarada alegoría en cuanto al origen de la rivalidad púnico-romana, estaría alegorizando también respecto al primitivo vínculo entre Roma y los etruscos.
  4. Heródoto (Historias I, 94) es una de las raíces de la hipótesis minorasiática de los orígenes etruscos, atribuyéndola a la migración liderara por el mencionado Tirreno por motivos de carestía.
  5. No podemos dejar de indicar la fundamental identidad de los diferentes etnónimos de este pueblo: tyrsenoi, tyrrhenoi, tusci (< turs-ci, con el típico sufijo etnonímico itálico -co que encontramos en tantos otros ejemplos: herni-ci, vols-cios-ci / aurun-ci, falis-ci, marru-ci-ni, Labi-ci...) y de ése tanto etrus-ci como el posterior Tos-ca-na. Me atrevo, con todas las salvedades de mi relativa ignorancia al respecto, a lanzar la hipótesis de que brote del mismo tronco el endónimo rasenna (< trasen-, de donde podría igualmente > tyrsen- en griego). Y estirando la conjetura, a este rasenna podríamos vincular como posible derivado muy tardío el nombre raeti, parientes suyos según los antiguos.
  6. Quiere cerrar el círculo de una explicación completa el luvitólogo F. Woudhuizen, fundando desde su especialidad la hipótesis de que la lengua etrusca sea un dialecto luvita evolucionado, con origen por tanto en las costas del Egeo y Anatolia, y en última instancia una variedad indoeuropea. Toca la identidad tirrénica con los teresh mencionados entre los pueblos del mar en The Ethnicity of the Sea Peoples, pero expone extensamente la teoría en Etruscan as a Colonial Luwian Language, donde es central la interpretación de la lengua etrusca en base al luvita; aquí plantea que los etruscos salieran de Asia Menor huyendo de los ataques cimerios en época tan tardía como el s. VIII a.C. Asimismo encontramos en The Luwians of Western Anatolia, Their neighbours and predecessors, del mismo Woudhuizen, en medio de las versiones de la Edad del Bronce de numerosos nombres de personajes conocidos a través de la antigua literatura clásica, a
Anquises, el padre de Eneas, quien representa una línea real troyana diferente de la de Príamo, presumiblemente con antecedentes luvitas, ya que parece estar vinculada con la región al sur del Monte Ida, caracterizada por los nombres típicamente luvitas..." (p. 130).

Todo lo cual compone un cuadro para mí verosímil sobre los orígenes etruscos que sería el siguiente:
  • A finales de la Edad del Bronce, los tirsenos, uno de los pueblos comprendidos en los de lengua luvita, habita la Anatolia occidental. Algunos de sus contingentes (teresh) son uno de los pueblos del mar que asaltan Egipto.
  • Iniciada la Edad siguiente, el Hierro, los tirsenos se mantienen en su zona en torno al Egeo, compartiendo muchos elementos culturales con las tribus de lengua griega que son sus vecinos desde siglos atrás.
  • Los tirsenos comparten con los griegos y fenicios su expansión colonial hacia occidente, quizá animada por la temprana tendencia general (s. -X), quizá impulsada particularmente por la amenaza cimeria en el continente (s. -VIII - -VII). Mientras que los fenicios fundan mayormente en las costas meridionales del Mediterráneo y los griegos en las septentrionales, los tirsenos hallan un hueco en las costas occidentales de la Península Itálica, junto al mar al que darán nombre. Mediado el s. -VI, en la Batalla de Alalia se enfrentarán estas tres corrientes (que no podemos anacrónicamente denominar potencias) de colonizadores.
  • Rasgos tirsénicos se mantienen hasta época tardía en la isla egea de Lemnos, como atestiguan varias inscripciones.
  • Los tirsenos (llamados etrusci por los latinos) se instalan no sólo en la costa, sino que prosperan tierra adentro. No ha de entenderse esto como una expansión con sustitución completa de población, como antaño se daba por hecho, sino como un proceso de élite dominante como los que la Historia bien conoce desde el inicio la Edad del Bronce y quizá antes, y que explica las expansiones indoeuropeas de que tratan la Lingüística y la Arqueología en las varias hipótesis sobre los orígenes indoeuropeos, que han producido una y otra vez difusiones y sustituciones de elementos culturales de mayor o menor amplitud sin implicar sustituciones genéticas (sustituciones poblacionales más completas que también se pueden dar, pero que en Europa al parecer no se han producido desde el último deshielo). En concreto, los tirsenos-etruscos fomentan determinados elementos culturales de su tierra de origen (alfabeto, cultos, arte) sobre un sustrato villanoviano y umbro, con vínculos tanto autóctonos como centroeuropeos.
  • Cualquiera que fuera la época inicial de llegada de los tirsenos, su presunta huida de los cimerios coincide con:
    • el período orientalizante de la cultura de Etruria;
    • su máxima influencia en la Península, que alcanza desde el valle del Po hasta Campania, con centro y mayor arraigo en Etruria;
    • los primeros tiempos de la ciudad de Roma.
  • Testigo de la influencia oriental etrusca en la primera Roma serían:
    • la atribución de parte de los orígenes de Roma a inmigrantes de Asia Menor;
    • la alianza troyano-etrusca en la Eneida, que se trataría en realidad de identidad étnica;
    • el propio personaje de Eneas, que sería la personificación en la figura de un héroe troyano de un aspecto de Afrodita como protectora de los marineros, muy apropiado para los colonizadores del Mediterráneo;
    • los reyes Tarquinios de Roma, cuyo nombre es una variante del mencionado Tarcón, y además refleja los luvitas "Tarḫunz" o "Tarkasnawa".
  • Con el declinar del poder etrusco, tras el cénit de esa época, los etruscos que dominan el valle del Po son desplazados por invasores galos, y los que se trasladan al norte se transformarán en los retios, en un nuevo proceso de élite dominante en que el elemento capaz de dejar monumentos epigráficos es el mismo que lo había hecho en la Península.
  • La mayor parte de los etruscos acabarán siendo absorbidos en el común de los romanos, quedando su lengua en desuso (y hasta hoy sin desciframiento seguro o de consenso, a pesar de Woudhuizen).
En suma, unos acontecimientos complejos y en la que, como en tantas otras ocasiones en la Historia, el relato sólo se construye a posteriori realzando algunos de los hilos y descartando otros, deliberadamente o no, y con una toma de conciencia étnica basada en ese deformado cuento.

11/11/2017

Historia negra del comunismo

He "celebrado" el centenario de la revolución bolchevique leyendo (me ha llevado unos 17 meses, poco a poco) El Libro Negro del Comunismo. Editado en Francia en 1997, aún le faltaba ver al comunismo hacer presa en Venezuela, pero en cualquier caso el repaso de aplicaciones de esa ideología que hace es más que suficiente para dejar una serie de cosas claras:

Que el comunismo practicado por los bolcheviques e inspirado por ellos es un movimiento criminal desde sus orígenes, que con la excusa de servir a los desfavorecidos puso en marcha una política basada o que resultó en imposición, odio, asesinatos de individuos y colectivos (hasta genocidios), purgas, guerra, hambrunas (planificadas como herramienta de exterminio o causadas por la incapacidad de los que querían lo contrario), delación, totalitarismo, destrucción, contaminación. Etcétera.

Que en los intentos de aplicar el comunismo hechos en un país tras otro o bien se ha intentado repetir la perniciosa receta de ejemplos previos, o bien se han intentado aplicar novedades locales que han resultado en los mismos males.

Que el comunismo es la religión política de las sociedades industriales, que no promueve el pensamiento crítico más que para criticar las sociedades abiertas y someterse a sus particulares "imanes" o "popes" de turno, y es tan divisiva, atrasada y propia de los simios que somos como cualquier otra ideología que ponga el acento en la diferenciación entre grupos humanos y el odio al diferente: el comunismo odia al "capitalista", al "burgués" y al "contrarrevolucionario" (uno más de los rasgos que comparte con el nazismo, v. p.ej. la autobiografía personal y científica de Eric Kandel). Esos títulos de desprecio se otorgan a discreción lo mismo que otros declaran anatemas o fatwas.

Que las sociedades abiertas siguen atacadas por la demagogia y la susodicha falta de racionalidad, y la propaganda estalinista que engañaba a unos incautos oceánicos en el segundo cuarto del s. XX se reproduce inagotablemente, inasequible a la evidencia práctica de que el comunismo ha comportado siempre grandes males y fracasos.

Que, siguiendo a Popper, la reforma progresiva es un camino más seguro hacia cualquier posible progreso de la Humanidad que cualquier revolución que parta de cero y por tanto de defectos desconocidos.

Y que, en fin, cualquiera que enarbole la bandera del comunismo (llamándolo por ese nombre o no, pero especialmente si lo llama así) es un inocente desconocedor de las pruebas proporcionadas por la Historia, o es un malvado insensible que las conoce pero desprecia el sufrimiento del prójimo, porque para él es menos relevante que ir en busca de su personal utopía.

07/04/2015

Fantasia ortográfico-histórica portuguesa

A seguir da anterior entrada de blog, continuo a dita fantasia, pensando uma situação em que a divisão entre galego e português não se tivesse mantido no Minho mais tivesse passado ao Vouga. Tenha-se em conta que quanto fantasio é simplesmente isso, não feito com espírito imperialista, mais sim da fraternidade que sinto por Portugal. Redijo não em português, mais no que seria esse galego alternativo, similar ao que fiz na anterior entrada.

É difícil establecer diferenças claras entre un bloco gallego, un citraportugués (setentrional) y un ultraportugués (meridional), por utilizar a denominaçón la filología atual, no s. XVII, en que se produziu o feto definitorio que reuniu o citraportugués co gallego no que hoje se chama tamén gallego y dexou á deriva ao ultraportugués, que simplesmente conservou o nome de português.

A Guerra de Bragança (denominada assín pela casa que a liderou mais perdeu a cidade que dava nome ao seu ducado) ou da Separaçón (nome habitual co que a batizou a historiografía liberal depois da reunificaçón ibérica de 1848) foi un intento só parcialmente sucedido de rutura da unión dinástica da coroa y império portugueses coas demais coroas españolas.

A resoluçón do interminávelmente indeciso conflito considérase habitualmente que ven causada pela entrada de chefes franceses do lado español. A finalizaçón das guerras entre França y España en 1659 y entre Portugal y Holanda en 1663 fiz con que se tornasse interessante a colaboraçón entre aqueles dous primeiros reinos para combater a aliança marítima entre os dous últimos contra eles. Un tratado de paz perpetua entre os reis de França y España, que cedeu o Val de Arán á França y Andorra á España selou una aliança que dura até hoje.

França entrou na guerra ajudando á España a recuperar Açores, Madera, Brasil y Macao en 1663-64. En 1664 começou a movilizaçón de Galiza con a intençón de acrecentar un novo frente ao alentejano. En 1665 as forças españolas no Alentejo foron derrotadas completamente en Vila Viçosa, mais no norte una marea gallega imparável de camponeses, nobres y mesmo bispos animados pela vella rivalidade entre Compostela y Braga ultrapassou o Douro y só foron resistidos pelas forças vitoriosas chegadas do Alentejo na liña do Vouga. Os gallegos entregáronse á pillaje do val do Vouga mais, ante a perspetiva do regresso da guerra á situaçón crónica previa, assinouse velozmente una paz no Tratado do Tajo, que non dexava contento a ningún mais era acollida como un mal menor.

Portugal recuperou a independencia perdendo un tercio de territorio y populaçón y todos os dominios esceto os africanos ao sur das Illas Canarias. O despovoado Vouga passou a ser a principal fronteira entre Portugal y España, y a desapariçón de Aveiro, que levava esperimentando un século de decadencia, marcou a separaçón entre o (ultra)portugués y o gallego. Ao norte do Vouga, a reunión de gallego y citraportugués foi causada pela chegada de nobres gallegos y o desterro de portugueses na Galiza, con numerosos séquitos de camponeses tamén trocados entre as duas terras, y pela degradaçón do arcebispado de Braga a bispado sufragáneo de Compostela, confirmada por Roma aínda cuarenta anos depois.

Nos anos posteriores á guerra, a chamada "Administraçón Francesa" continuou traballando en España, reduzindo as complexidades herdadas da Idade Media y criando o moderno Estado español centralizado, que foi exemplo para o francés nas décadas seguintes y do resto de Europa no s. XVIII.

A España reorganizada pela "Administraçón Francesa", en 1680
(elaborado retrospetivamente partindo de aquí)

Sevilla, Estremadura y León incorporaron algunas faxas fronteiriças, que encaxaron na nova administraçón territorial, mais foi o Norte o que esperimentou mais cambios, ja que non só pretendeu a ocupaçón gallega descabeçar a primazia de Braga y estender as provincias de Tuy y Ourense, senón tamén a incorporaçón da grande cidade de Porto y das simbólicas Viseo (local de enterramento do rey Rodrigo) y Bragança (sé da nova dinastía real portuguesa). A bravura das armas portugueses sin conseguiu defender o grande centro inteletual de Portugal que era Coimbra.

Una consecuencia principal da espansón da Galiza foi a criaçón duna Galiza aberta y potente, reino de primeiro nível entre os da coroa española. Foi capaz de herdar a parte do imperio portugués que se manteve na unión española; tan íntimas foron as ligaçóns, que se considera que a influencia da lingua castellana sobre a gallega se deveu aos contatos diretos entre Galiza y Castela en tanta medida como entre Brasil-Açores y as colonias españolas. O gallego fálase hoje na Galiza, Açores y Brasil, encuanto o portugués vive en Portugal y os Algarves africanos. O resto de antigas colonias portuguesas que permaneceron en mans de España perderon o uso do portugués en favor do español.

Ao contrario, o portugués separado do Norte entrou na sua coñecida deriva, causada pelo domínio absoluto das rápidas inovaçóns de Lisboa. Para cuando a recuperaçón das ligaçóns peninsulares, a inicios do XIX, a ortografía atualizada a finais do XVIII selara ja a separaçón irreversível entre gallego y portugués.

Algúns eruditos opinan que a espansón da Galiza y criaçón de contatos co resto do imperio español causou una escessiva influencia castellana (muito maior que a inversa, consistente práticamente só na conservaçón do "ç" e reduçón dos grupos consonánticos latinos), y que se Portugal non se tivesse partido na guerra, o portugués teria sido máis conservador pelo "travón" que tería representado o cisportugués, y tería sido o gallego y non o ultraportugués o que tería derivado solitariamente.

E há ainda outros que consideran que o gallego isolado na Galiza tería caído baxo una influencia tan forte do castellano, que se tería fusionado con éste, ou desaparecido, de modo tal que non existirían tres linguas no ocidente español, senón dúas: portugués y español. Mais esto é ja especulaçón pura.

Enfín, o Tratado do Tajo foi redigido en español y portugués; dexamos aquí como monumento ás circustancias da Historia a traduçón a español, gallego y ultraportugués modernos o parágrafo que delimitava a nova fronteira entre os reinos:

El Río Vouga hasta San Pedro. El Río Troço hasta sus fuentes, y de ahí hacia el sudeste hasta el Río Dano, quedando Bodiosa y Viseo para España, y San Cipriano y Lourosa para Portugal. El Río Dao hacia sus fuentes hasta su bifurcación, quedando Peñalba del Castillo para España, y de ahí la divisoria de aguas con el Mondego hasta dirigirse reta hacia el este, quedando Trancoso y Piñel para España, y Vila Franca das Naves para Portugal. El Río Coa hasta sus fuentes, quedando éstas, al este de la Sierra de la Malcata, para España. De ahí la línea presente hasta la confluencia del Río Torto con el Bazágueda, y éste hacia el oeste hasta el Río Ponsul, quedando Arañas para España. El Ponsul hasta el Tajo, y de ahí la línea presente hasta el Guadiana. El Guadiana hasta el mar, quedando Olivença y los valles de los Ríos Ardila y Chança para España.

O Río Vouga até San Pedro. O Río Troço até as súas fontes, y de ahí para o sudeste até o Río Dano, quedando Bodiosa y Viseo para España, y San Cipriano y Lourosa para Portugal. O Río Dao para as súas fontes até a súa bifurcaçón, quedando Peñalba do Castelo para España, y de ahí a divisoria de aguas co Mondego até dirigirse reta para o este, quedando Trancoso y Piñel para España, y Vila Franca das Naves para Portugal. O Río Coa até as súas fontes, quedando éstas, ao este da Serra da Malcata, para España. De ahí a línea presente até a confluencia do Río Torto co Bazágueda, y éste para o oeste até o Río Ponsul, quedando Arañas para España. O Ponsul até o Tajo, y de ahí a línea presente até o Guadiana. O Guadiana até o mar, quedando Olivença y os valles dos Ríos Ardila y Chança para España.

Riu Vog té Sau Pedr. Riu Troç té sus fots, e d’aí pra Su-Est até Riu Dau, ficá Budiós e Vizeu pra Spaña, e Sau Cipriau e Loróz pra Portugal. Riu Dau pra sus fots té su bifurcaçau, ficá Piaub-Casteu pra Spaña, e d’aí divizória d’águas cu Mudeg té dirigir-s reta pr’Est, ficá Tracóz e Pieu pra Spaña, e Viufrac-Navs pra Portugal. Riu Có té sus fots, ficá estas, a Est Ser Maucát, pra Spaña. D’aí lía prezet té a cuflueç d’Riu Tort cu Bzágda, e est pr’Uest té Riu Pusú, ficá Arás pra Spaña. Pusú té u Tej, e d’aí lía prezet té Guadiá. Guadiá té mar, ficá Uliveç e ’s vaus des Rius Ardiu e Xaç pra Spaña.

06/01/2015

Consideraciones sobre la caída de Roma para estudiantes de Secundaria

Soy profesor de Matemáticas y Ciencias y no de Historia, pero como tengo en Historia también mis estudios y lecturas, quiero hacer unas consideraciones generales respecto a la "caída del Imperio Romano", ese gran tema, con más consecuencias en su posteridad de lo que pareció en su momento (pues Europa y el Mediterráneo aún no nos hemos recuperado). Mi intención es sobre todo desterrar ciertos conceptos simplones que se perpetúan en la enseñanza de este tema.

Cualquier ensayo actual que verse sobre el tema puede usarse como consulta, aunque en mi caso recomiendo particularmente, por haber sido los principales de donde saco lo que a continuación contaré:

Se suele denominar "Caída del Imperio Romano", o se suele concebir, como el hecho de la desaparición del Estado romano en Europa, despiezado por las incontenibles invasiones de unos bárbaros que lo sustituyeron por sus propios Estados, y que dio paso en el año 476 d.C. a la Edad Media.

Esta foto sencilla, sin embargo, es una primera aproximación al concepto que no se puede sostener si no se tienen en mente los muchos detalles que la matizan:

1. Las del s. V no fueron las únicas invasiones
Los germanos protagonistas de las invasiones del s. V lo fueron también de las que hubo en los dos siglos anteriores, así como de algunas del s. VI (lombardos); sin olvidar que en este mismo siglo empiezan las invasiones eslavas, en el VII las árabes, en el VIII las vikingas y en el XI las turcas, estas últimas las que verdaderamente acabaron con el Imperio, como vemos a continuación, porque:

2. El Imperio no desapareció entonces
El Imperio Romano experimentó varias divisiones, unas legales y otras por la fuerza de los hechos en varios momentos. Tomando los episodios con pretensiones de permanencia, tenemos por ejemplo que:
  • En los años 260-274 los Imperios de la Galia y de Palmira estuvieron separados del romano en sus extremos occidental y oriental, respectivamente.
  • A partir de 284, la diarquía establecida por Diocleciano, que luego pasó a tetrarquía (dos Augustos, cada uno con un César subordinado y futuro sucesor) oficializó una división del Imperio en cuatro partes que acabaron por ser las prefecturas de Oriente, Iliria, Italia y Galias, cada una con su capital (ninguna de las cuales era Roma).
  • A pesar de la degeneración del sistema tetrárquico en nuevas guerras civiles por el poder supremo, la división en cuatro subsistió, y sobre ella se asentó a partir de Valentiniano (364-375) la más profunda división del Imperio entre Oeste (que tuvo varias capitales sucesivas) y Este (con su indiscutible capital en Constantinopla, establecida como capital de todo el Imperio por Constantino). No se estableció nunca, sin embargo, que se tratase de una escisión en dos Estados independientes; los respectivos emperadores seguían siendo en teoría diarcas, pero sí funcionaron cada vez con mayor separación y hasta rivalidad.
  • Diferentes regiones del Imperio occidental fueron quedando fuera de la autoridad de sus correspondientes emperadores, hasta que llegado un momento no se mantenía ninguna; pero la mitad oriental seguía siendo Imperio Romano y su emperador podía seguir reclamando autoridad sobre la occidental. Por ejemplo:
    • Durante el s. V reinó la confusión en el trono occidental, y en ocasiones se alzaron emperadores paralelos, algunos de ellos respaldados por la bendición del emperador oriental o incluso enviados por él.
    • Cuando el considerado último emperador, Rómulo, fue depuesto en 476, no se trató de una sustitución del Imperio Romano por un estado bárbaro, sino que se aplicó a Italia el mismo cambio de sistema de gobierno que ya se había hecho en otros territorios: el de ceder su administración a jefes de origen bárbaro que ejercían como generales del ejército romano. Se informó al emperador oriental Zenón de que no le hacía falta nombrar a un colega occidental, que él era suficiente porque Occidente estaba repartido según otro sistema.
    • El emperador Justiniano reclamó décadas después su derecho a disponer de los territorios occidentales y ponerlos bajo la autoridad directa del Emperador, como estaban los orientales, y así logró hacerlo con África, Italia y parte de Hispania.
  • Fue la progresiva independencia de los reinos formados en occidente y la aparición de una conciencia diferencial (por motivos religiosos, lingüísticos, etc.) respecto al Imperio oriental lo que hizo que se negara autenticidad romana a este último hasta el punto de llamarlo "Bizantino" y justificarse su destrucción por la Cuarta Cruzada (1204). Con lo que quedó el camino libre para considerar que el Imperio "había caído" en realidad 476, y que la Edad Media no había sido más que una época oscura causada por las invasiones bárbaras.
3. La fecha no fue 476
Como acabamos de decir, diferentes territorios se fueron desgajando del occidente del Imperio en diferentes momentos, de modo que el Imperio "acabó" en cada uno de ellos en fecha diferente. Por nombrar las más destacables:
  • 358 los francos en el nordeste de las Galias, luego se extienden hasta en 486 apropiarse de todo el norte;
  • 406 los alamanes en Germania Superior;
  • 409 los suevos en Gallaecia;
  • 410 Britania abandonada;
  • 411 en Germania Superior y 443 y años siguientes en el sudeste de las Galias, los burgundios;
  • 418 los godos (visigodos) en Aquitania y a lo largo del siglo en todo el sudoeste de las Galias y el este de Hispania;
  • 429-439 los vándalos y alanos en África, luego también se apropian de las islas del Mediterráneo occidental;
  • mediados del s. V Panonia bajo dominio huno, luego ostrogodo;
  • 476 varios grupos bárbaros del ejército romano, comandados por Odoacro, se hacen con el control en Italia, y todavía por último
  • 480 Odoacro se hace con Dalmacia tras vengar el asesinato de Julio Nepote, el último emperador occidental que había sido enviado por el Imperio oriental.
476 se sigue dando a menudo como fecha única, pero sólo porque es el momento en que la propia capital imperial, que en aquel momento no era Roma sino Rávena, pasó de estar bajo la autoridad (ya casi inexistente) de un emperador al sistema de un rey bárbaro con cargo militar romano. Quizá también porque el emperador depuesto en aquel momento, Rómulo (aunque recordemos que el alternativo Julio Nepote aguantó gobernando cuatro años más sobre Dalmacia), tenía el mismo nombre que el legendario primer rey de la ciudad, y resultaba una narración redonda que Roma empezase y acabase bajo un monarca del mismo nombre. Por ello ni siquiera sirve como referencia la conquista de Roma, porque fue saqueada en 410 por los godos y en 455 por los vándalos; en 476 lo que cambió de manos fue la región fundadora del Imperio, pero sin que la ciudad de Roma fuese conquistada.

4. Los bárbaros no lo eran tanto
  • Para empezar, no eran ajenos ni extraños a Roma. No llegaron de repente de las brumas del Norte o las profundidades del Este y derribaron el Imperio. El contacto transfronterizo fue de siglos, en la Edad del Hierro Romana de los germanos, llamada así por la influencia romana más allá de los territorios que estaban bajo la autoridad de los emperadores.
  • Muchos bárbaros eran parte de las tropas de Roma, como los francos o burgundios, y los títulos de sus líderes eran cargos del ejército. Hasta tal punto estaban los bárbaros integrados en el ejército romano, que algunos autores prácticamente niegan que hubiera invasión alguna, sino que se trató de una revolución en la cúpula del poder a la que luego se atribuyeron unas características étnicas legendarias. Las etnicidades bárbaras no pueden sin embargo negarse a la vista de hechos culturales palmarios, como los préstamos léxicos germánicos (algunos de los cuales pueden datar de antes del s. V mismo, por ser comunes a gran parte de la Romania) y la legislación distintiva germánica (que en muchos casos era supletoria de la romana, o que tenía a ésta como referencia). Lo indiscutido es que los jefes bárbaros ejercieron el poder de manera cada vez más independiente y fueron sustituyendo a las autoridades romanas:
    • de modo progresivo y más o menos solapado, como los visigodos o los burgundios aprovechando la confusión en el poder supremo de los romanos, o
    • declaradamente, como cuando se pasó de la situación de que el franco Childerico fuese leal oficial del ejército romano bajo el mando del general Egidio a que Clodoveo hijo del primero se rebelase y derrotase a Siagrio, hijo del segundo.
  • Muchos grupos bárbaros se hicieron con sus territorios mediante un acuerdo legítimo (foedus) con los emperadores, y ostentaron el título de rey de cara a sus seguidores, mientras para los romanos que seguían estando en esos territorios eran gobernantes delegados por el emperador. Los líderes bárbaros se habían hecho cada vez más aceptablemente romanos, siendo considerados continuadores de un Imperio que no había desaparecido, en un proceso gradual de integración a través del ejército: jefes tribales à generales y altos cargos (Estilicón, Ricimero) à reyes federados à reyes de bárbaros y romanos por igual (Eurico, Teodorico, Clodoveo). En este proceso, el s. V no supuso una discontinuidad, pues al cabo los reyes, aun manteniendo un orgullo germánico, acabaron por serlo de un pueblo integrado (tanto en Hispania como en Galia, pero también en Inglaterra, donde con el paso de los siglos los germanos asimilaron a los britanos) hasta que por fin se dio título, apariencia y consideración imperiales completos a alguien de estirpe germana (Carlomagno, año 800).
  • Tampoco debemos olvidar el hecho bien conocido de que Roma se había "barbarizado" por su parte, o mejor dicho, que las costumbres, estructuras sociales, artes, etc. que solemos identificar con los reinos "bárbaros" de inicios de la Edad Media son en realidad una evolución continua de lo que heredaron de Roma. En los ss. IV y V, los romanos no eran el arquetipo de toga y armadura de placas de la edad de oro, ni los germanos unas bestias en taparrabos.
5. Los reinos bárbaros no sustituyeron completamente al Imperio
Los reyes bárbaros (notablemente francos y visigodos) no crearon estructuras políticas de la nada, sino que heredaron modelos políticos y jurídicos, se aliaron con la población romana regional e incorporaron las estructuras de poder preexistentes. Por ello a menudo se denomina a esos estados "reinos sucesores" del Imperio.
    Entonces ¿en qué consiste la "Caída del Imperio Romano"?
    Buscar causas profundas es complicado y ha sido objeto de innumerables teorías de mayor o menor rigor, y se han aducido causas de toda clase: climáticas, sanitarias, religiosas, militares... Y sin embargo, con la mente abierta a la visión de los ríos de la Historia, la caída de Roma consiste sencillamente en que lo que en un momento estuvo unido, luego ya no lo estaba.

    No ocurrió en un momento clave único y decisivo, que decidió el curso de la Historia. Pues nunca dejó de haber luchas por el poder supremo sobre Roma que amenazaran la unidad del Estado, pero por un tiempo, como en las películas de Los Inmortales, "sólo podía quedar uno": si se alzaba un aspirante aquí y otro allá, al final uno de ellos acababa con los demás. En el s. III los emperadores "parciales" aguantaron algo más, en las Galias y Palmira que hemos visto arriba. De Diocleciano a Valentiniano la partición se hizo oficial, y a partir de ahí la separación fue efectiva, duradera y cada vez mayor... En el s. V ya cada gran pedazo del Imperio occidental iba por su lado: unas provincias abandonadas, otras cedidas, otras invadidas, y Galia e Italia peleándose a ver cuál era capaz de elevar a un emperador. Hasta que llegó el momento, del s. VI en adelante, en que cada rey bárbaro se impuso en uno de esos trozos, pero no más allá, y la autoridad imperial fue cada vez más teórica y menos práctica en occidente... con lo que vamos llegando al concepto de rey y la relación entre reyes y emperadores que nos es típica de la Edad Media.

    El Imperio pervivió mientras lo hizo su capital Constantinopla. La Cuarta Cruzada conquistó la ciudad e hizo saltar el Imperio en pedazos, que cual Terminator 1000 se reorganizaron y al cabo volvieron a hacerse con ella. Por ello se considera que los últimos restos de Roma perviven hasta que los turcos penetran las murallas de la carcasa medio vacía de la ciudad (1453) y por último rinden el último estado producto de la fragmentación causada por aquella Cruzada, el Imperio de Trebisonda (1461). La herencia simbólica que pudieran reclamar los Sultanes otomanos o los Zares de Rusia es ya otro asunto.

    23/03/2014

    El mandamiento humanista

    La coincidencia en la lectura de varios libros el pasado año me ha llevado a cristalizar la presente reflexión. Dichos libros son principalmente:

    • El espejismo de Dios, de Richard Dawkins, donde el autor hace una recopilación de una alternativa humanista a los Diez Mandamientos y los resume en su propia propuesta (hago notar la curiosidad de que, nada más empezar a escribir esto y al disponerme a verificar el link, la página que había en la Wikipedia en español fue borrada).
    • La Caída de Constantinopla, de Steven Runciman, donde, en las interacciones entre cristianos y musulmanes viejos y recién convertidos, se nos cuenta que los musulmanes viejos eran de mente más abierta y propensos a la negociación, mientras que los recién convertidos se solían mostrar más intransigentes y celosos de su nueva fe, especialmente cuando ésta les servía como pretexto para una acción militar o política (aprovecho de paso para recomendar a Runciman, particularmente la mencionada obra, como una lectura amena, apropiada especialmente para quien le guste leer la Historia como una historia, que no entra en detalles tan finos que puedan ser objeto de controversia y revisión inmediatas).
    • Y una historia del Islam vista desde dentro: Un destino desbaratado: la historia universal vista por el Islam, de Tamim Ansary.

    Combinando ideas, di en pensar en las conversiones al Islam, la esencia de ser musulmán y si, de la misma manera que para ser musulmán hay que cruzar la raya de la shahada (profesión de fe), algún equivalente pueda existir para un humanismo no religioso.
    A lo largo de la historia, las conversiones al Islam han sido en buena medida voluntarias. Nunca debemos olvidar que en cualquier estado conquistado, organizado y finalmente gobernado por los musulmanes la población no pasaba de golpe a ser musulmana. Inicialmente los musulmanes eran la élite conquistadora, y los conversos progresivamente se pasaban a su bando religioso (después de haber aceptado su dominación política). No debemos olvidarlo tampoco respecto a la actualidad, ya que países que en Occidente podemos tender a considerar musulmanes, no son más que de mayoría musulmana, y la presencia de otras religiones es más antigua y original. A esto hay que decir que la islamización total no ha sido ni de lejos lo más habitual (para empezar en los mismos países árabes), y que por otro lado la islamización forzosa tampoco ha sido la regla.
    Este aspecto de formar una comunidad política mediante una profesión religiosa me parece clave en el Islam y uno de los principales impulsos de muchos para hacerse musulmanes, ya que, como se comenta sobre los conversos en La Caída de Constantinopla, la conversión era una herramienta para el ascenso social o político.
    Me importa aquí sin embargo lo que supone a largo plazo. Para quien la llevaba a cabo, la conversión podía incluso ser en un primer momento un instrumento superficial, un paso sin mayores consecuencias. El entrar en la comunidad de los musulmanes daba acceso a posiciones de poder. Pero a largo plazo suponía otra cosa además, y es que no por nada Islam significa “sometimiento” a Dios: tarde o temprano el converso, o sus sucesores, estarían sometidos a la comunidad musulmana, o a su líder de turno.
    Con todo, no olvidemos que el pertenecer a la comunidad de los musulmanes no libraba a éstos de las luchas intestinas, ya que el Islam, como cualquier otra circunstancia humana (o biológica), está sometido a mutación y fragmentación. No tardaron ni medio siglo los musulmanes en acuchillarse unos a otros en varias guerras civiles.
    Una de las reflexiones que se me suscitan también es si la facilidad y sencillez del paso de la conversión al Islam no habrá jugado a favor de las conversiones al Islam. Habría que consultar al respecto a expertos en psicología, en marketing y en el Islam.
    De todas formas, lo que más en concreto me interesa de la shahada y la conversión al Islam es su implicación filosófica. Dar ese paso supone someterse intelectualmente, como he dicho, y en este aspecto el Islam, de entre lo que puedo conocer de religiones, me resulta particularmente anticientífico. Ya la propia religión es en sí anticientífica: soy de los que consideran imposible que alguien sea a la vez religioso y científico en un mismo ámbito de la vida, ya que uno o bien considera que debe dar cosas por ciertas basándose en hechos (= ciencia) o que no necesita pruebas para ello (= fe).
    Pero cuando uno da un paso que implica someterse/entregarse a un dios y por ello a una comunidad religiosa (= Islam), está directamente diciendo que cede el derecho a pensar a dicha comunidad. O bien, que cuando al pensar pueda entrar en conflicto con lo que diga la comunidad, cede por adelantado a ésta.
    Por todo ello acabé preguntándome si no habría una especie de shahada humanista, si no existiría una especie de principio fundamental del pensamiento humanista, de ser posible formulable de manera más sencilla que la profesión de fe islámica, bien sencilla ella misma.
    Y creo que sí existe esa llave, y no me parece casualidad que esté entre los “Mandamientos humanistas” mencionados por Richard Dawkins: “Fórmate opiniones independientes en la base de tu propia razón y experiencia; no te permitas ser manejado a ciegas por otros” (nº 9) y “Cuestiónalo todo” (nº 10). Que para mí que se podrían resumir en una frase única, esa que yo andaba buscando: Pienso por mí mismo. De profundas implicaciones, si lo pensamos bien.
    Tal afirmación es, por delante de todo, una declaración de libertad. Quiere decir que afirmas que, al menos en tu interior, existe un espacio en que eres libre para pensar, y que no aceptas que se te arrebate.
    Quiere decir que, aunque en algunos casos puedas por motivos prácticos acceder sin pensar demasiado a lo que otros digan, te reservas siempre el derecho a cuestionarlo. Por tanto resulta así opuesto al concepto de Islam, ya que no hay comunidad, religiosa o no, ante la que renuncies a tu derecho a la libre conciencia.
    Pensándolo más todavía, nos damos cuenta de que es una idea muy científica (= que cree cosas basándose en pruebas). Pues quiere decir que puedes cuestionarte a ti mismo y por tanto cambiar de opinión, de modo que lo único a lo que te someterás será a las evidencias que la realidad ponga ante ti. Por ello no quiere decir que vayas a pensar lo que te dé la gana.
    Y por último, si somos conscientes de que en cada persona reside la capacidad de ponerse en la piel del prójimo, no caeremos en pensar que tan simple principio pueda dar en comportamientos inmisericordemente egoístas; más bien en que al pensar, como dijo Aristóteles, uno haga “sin ser mandado lo que otros hacen sólo por temor a la ley”.
    De modo que, como principio, me parece de lo más saludable tenerlo en mente, no acomodarnos demasiado, y de vez en cuando recordarnos:

    Pienso por mí mismo.