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02/03/2021

Atando cabos sobre los orígenes etruscos

En el último año y medio, aproximadamente, he dado con una serie de hilos de la Historia, a los que me he acercado atraído por el interés por temas diversos, que han convergido en ponerse de acuerdo acerca de un mismo asunto que por lo demás es todavía objeto de cierto debate entre historiadores, lingüistas y demás exploradores de la Antigüedad, lo que a saber podríamos dar en denominar los orígenes etruscos.

Tratando por separado los diversos hilos:

  1. El marco de los orígenes etruscos lo proporciona el más general de las antigüedades y orígenes indoeuropeos. El estado de la cuestión me parecía relativamente asentado tras haber leído el fantástico compendio de F. Villar Los indoeuropeos y los orígenes de Europa, rubricado años más tarde por The Horse, the Wheel, and Language (David W. Anthony). Estando así las cosas, quise ponerme al día con las últimas obras de Villar, y acabé sorprendido por la evolución de las ideas del autor (muy razonada y razonable, todo sea dicho) y con un concepto mucho más profundo de la indoeuropeidad como es el que Villar et al. aportan en Lenguas, genes y culturas en la prehistoria de Europa y Asia suroccidental. Obra que, tirando del hilo, me llevó a otra, rompedora pero de conclusiones exageradas: M. AlineiOrigini delle lingue d'Europa (2 vols. voluminosos). Respecto a los etruscos, con lo que me quedo aquí es con la razonable conclusión de Villar respecto a que la indoeuropea (o "arqueo-indoeuropea", en términos de Villar, o para-indoeuropea) es la capa lingüística más antigua detectable en la mayor parte de Europa. Y en particular en Italia.
  2. Interesádome desde tierna edad por esa lograda ficción lingüístico-histórica que Tolkien creó, la obra biográfica Tolkien y la Gran Guerra (J. Garth) me llevó a la persona de L.R. Farnell. Como yo había tratado en un artículo de juventud la inspiración que los Valar de Tolkien tienen en los dioses clásicos, basada en las diferentes hipótesis lanzadas por Robert Graves y Marija Gimbutas desde diferentes campos, recalé de natural modo en The Cults of the Greek States, donde inesperadamente encontré la hipótesis de que pueda ser "el relato de las andanzas de Eneas el recuerdo legendario de la difusión de este culto" (el de Afrodita Aineias diosa del mar; p.638).
  3. Esto nos lleva a la vinculación de parte de los orígenes de Roma, los que Virgilio hizo remontar a Eneas en la Eneida, con la Tróade. Muy notable es el personaje de Tarcón, sobre cuyo nombre abundamos abajo, pero cuyo pariente Tirreno apunta a la relación de los etruscos con los tirsenos (v. punto siguiente). Con todo, el relato de las andanzas de Eneas y sus troyanos, que exhibe una descarada alegoría en cuanto al origen de la rivalidad púnico-romana, estaría alegorizando también respecto al primitivo vínculo entre Roma y los etruscos.
  4. Heródoto (Historias I, 94) es una de las raíces de la hipótesis minorasiática de los orígenes etruscos, atribuyéndola a la migración liderara por el mencionado Tirreno por motivos de carestía.
  5. No podemos dejar de indicar la fundamental identidad de los diferentes etnónimos de este pueblo: tyrsenoi, tyrrhenoi, tusci (< turs-ci, con el típico sufijo etnonímico itálico -co que encontramos en tantos otros ejemplos: herni-ci, vols-cios-ci / aurun-ci, falis-ci, marru-ci-ni, Labi-ci...) y de ése tanto etrus-ci como el posterior Tos-ca-na. Me atrevo, con todas las salvedades de mi relativa ignorancia al respecto, a lanzar la hipótesis de que brote del mismo tronco el endónimo rasenna (< trasen-, de donde podría igualmente > tyrsen- en griego). Y estirando la conjetura, a este rasenna podríamos vincular como posible derivado muy tardío el nombre raeti, parientes suyos según los antiguos.
  6. Quiere cerrar el círculo de una explicación completa el luvitólogo F. Woudhuizen, fundando desde su especialidad la hipótesis de que la lengua etrusca sea un dialecto luvita evolucionado, con origen por tanto en las costas del Egeo y Anatolia, y en última instancia una variedad indoeuropea. Toca la identidad tirrénica con los teresh mencionados entre los pueblos del mar en The Ethnicity of the Sea Peoples, pero expone extensamente la teoría en Etruscan as a Colonial Luwian Language, donde es central la interpretación de la lengua etrusca en base al luvita; aquí plantea que los etruscos salieran de Asia Menor huyendo de los ataques cimerios en época tan tardía como el s. VIII a.C. Asimismo encontramos en The Luwians of Western Anatolia, Their neighbours and predecessors, del mismo Woudhuizen, en medio de las versiones de la Edad del Bronce de numerosos nombres de personajes conocidos a través de la antigua literatura clásica, a
Anquises, el padre de Eneas, quien representa una línea real troyana diferente de la de Príamo, presumiblemente con antecedentes luvitas, ya que parece estar vinculada con la región al sur del Monte Ida, caracterizada por los nombres típicamente luvitas..." (p. 130).

Todo lo cual compone un cuadro para mí verosímil sobre los orígenes etruscos que sería el siguiente:
  • A finales de la Edad del Bronce, los tirsenos, uno de los pueblos comprendidos en los de lengua luvita, habita la Anatolia occidental. Algunos de sus contingentes (teresh) son uno de los pueblos del mar que asaltan Egipto.
  • Iniciada la Edad siguiente, el Hierro, los tirsenos se mantienen en su zona en torno al Egeo, compartiendo muchos elementos culturales con las tribus de lengua griega que son sus vecinos desde siglos atrás.
  • Los tirsenos comparten con los griegos y fenicios su expansión colonial hacia occidente, quizá animada por la temprana tendencia general (s. -X), quizá impulsada particularmente por la amenaza cimeria en el continente (s. -VIII - -VII). Mientras que los fenicios fundan mayormente en las costas meridionales del Mediterráneo y los griegos en las septentrionales, los tirsenos hallan un hueco en las costas occidentales de la Península Itálica, junto al mar al que darán nombre. Mediado el s. -VI, en la Batalla de Alalia se enfrentarán estas tres corrientes (que no podemos anacrónicamente denominar potencias) de colonizadores.
  • Rasgos tirsénicos se mantienen hasta época tardía en la isla egea de Lemnos, como atestiguan varias inscripciones.
  • Los tirsenos (llamados etrusci por los latinos) se instalan no sólo en la costa, sino que prosperan tierra adentro. No ha de entenderse esto como una expansión con sustitución completa de población, como antaño se daba por hecho, sino como un proceso de élite dominante como los que la Historia bien conoce desde el inicio la Edad del Bronce y quizá antes, y que explica las expansiones indoeuropeas de que tratan la Lingüística y la Arqueología en las varias hipótesis sobre los orígenes indoeuropeos, que han producido una y otra vez difusiones y sustituciones de elementos culturales de mayor o menor amplitud sin implicar sustituciones genéticas (sustituciones poblacionales más completas que también se pueden dar, pero que en Europa al parecer no se han producido desde el último deshielo). En concreto, los tirsenos-etruscos fomentan determinados elementos culturales de su tierra de origen (alfabeto, cultos, arte) sobre un sustrato villanoviano y umbro, con vínculos tanto autóctonos como centroeuropeos.
  • Cualquiera que fuera la época inicial de llegada de los tirsenos, su presunta huida de los cimerios coincide con:
    • el período orientalizante de la cultura de Etruria;
    • su máxima influencia en la Península, que alcanza desde el valle del Po hasta Campania, con centro y mayor arraigo en Etruria;
    • los primeros tiempos de la ciudad de Roma.
  • Testigo de la influencia oriental etrusca en la primera Roma serían:
    • la atribución de parte de los orígenes de Roma a inmigrantes de Asia Menor;
    • la alianza troyano-etrusca en la Eneida, que se trataría en realidad de identidad étnica;
    • el propio personaje de Eneas, que sería la personificación en la figura de un héroe troyano de un aspecto de Afrodita como protectora de los marineros, muy apropiado para los colonizadores del Mediterráneo;
    • los reyes Tarquinios de Roma, cuyo nombre es una variante del mencionado Tarcón, y además refleja los luvitas "Tarḫunz" o "Tarkasnawa".
  • Con el declinar del poder etrusco, tras el cénit de esa época, los etruscos que dominan el valle del Po son desplazados por invasores galos, y los que se trasladan al norte se transformarán en los retios, en un nuevo proceso de élite dominante en que el elemento capaz de dejar monumentos epigráficos es el mismo que lo había hecho en la Península.
  • La mayor parte de los etruscos acabarán siendo absorbidos en el común de los romanos, quedando su lengua en desuso (y hasta hoy sin desciframiento seguro o de consenso, a pesar de Woudhuizen).
En suma, unos acontecimientos complejos y en la que, como en tantas otras ocasiones en la Historia, el relato sólo se construye a posteriori realzando algunos de los hilos y descartando otros, deliberadamente o no, y con una toma de conciencia étnica basada en ese deformado cuento.

28/02/2021

Experimento de conciencia lingüística

Quiero dejar este post publicado, antes de que se me olvide.

Veamos este fragmento de una entrevista en que se habla de la diferente consideración social de que gozan el castellano y el gallego en Galicia, que he extractado intentando que incluya todo el contexto necesario para su cabal comprensión:

R: [...] Tenemos que seguir trabajando, provocando que exista conciencia lingüística y que todos deseemos hablar castellano, porque ése es nuestro gran tesoro.

P: Pero aún hay quien se resiste a emplear el castellano por considerarlo ajeno...

R: Claro que hay y no se entiende. Hoy en día, ninguna persona culta debería atreverse a hablar en público en gallego, porque sería ir contra nosotros mismos y contra lo nuestro. El dominio de la lengua no vale de excusa, porque muy pocas personas carecen de formación para no poder hablarlo.

Ahora piensen unos si están de acuerdo con lo que dice, y otros si en cambio ello les parece una antigualla vergonzosa a extinguir.

Y a continuación leamos la entrevista original, a Alicia Padín en La Voz. Aviso que lo único que he cambiado entre la original y el extracto es, aparte de intercambiar los nombres de las lenguas, el "inferior" (presunta consideración del gallego) por "ajeno" (presunta consideración del castellano).

¿Nos parece ahora que al cambiar los letreros estamos más de acuerdo con el original que con el extracto? ¿O viceversa?

Si es así, tenemos el que considero problema de no ser capaces de contemplar la dimensión pública de un idioma como un mero instrumento de comunicación, dejando la dimensión identitaria para la intimidad individual.

Lo cual acaba desembocando en pretender que al salir por la puerta de casa las vidas privadas de los demás se ajusten a nuestra visión, y no seamos por tanto capaces de tolerar al diferente.

03/10/2018

Toni Cantó y las lenguas cooficiales

Voy a empezar por un relato de fake news. Por los hechos crudos.

El 25/09/2018, en el Congreso de los Diputados, "Toni Cantó, diputado de Ciudadanos, expone en nombre de su grupo su moción sobre Garantía de la igualdad en el acceso y promoción en el empleo público sin discriminación por razones lingüísticas" (entrecomillo la descripción del vídeo).

Una pequeña parte de la intervención referida a las condiciones de acceso al funcionariado ha sido muy polémica, al referirse a abusos en la convivencia entre la lengua oficial y las cooficiales:
"...en el ámbito educativo, en algunos lugares de nuestro país, no se pueda utilizar alguna de estas lenguas, no se pueda utilizar el castellano o el español, es un hecho, yo creo que nadie lo puede negar aquí: que el castellano, el español, ha desaparecido en lugares como Cataluña, como Baleares, como la Comunidad Valenciana, como el País Vasco, o como Galicia".
El anterior entrecomillado es mío, e implica que transcribo tal cual las palabras del orador, de modo que sólo es interpretable algún detalle de puntuación, que en una intervención oral es ambiguo.

Pues bien, a continuación las referencias que prensa varia dedicó a dicha intervención y argumento (y OJO, los entrecomillados son los de los propios titulares, no míos:

  • Faro de Vigo: Toni Cantó: "El castellano ha desaparecido en Galicia" [vemos que este entrecomillado es un collage].
  • Eldiario.es: Toni Cantó, que habló en nombre de Ciudadanos, trazó un escenario terrorífico del que no se tenía noticia: "En algunos ámbitos, el español ha desaparecido en lugares como Catalunya, Baleares, la Comunidad Valenciana y el País Vasco" [el adjetivo "terrorífico" apunta a una intención ridiculizadora].
  • Elplural.com: Ciudadanos, el partido del "castellano perseguido", celebra la diversidad de lenguas oficiales. El tuit de la cuenta de la formación en Cantabria se publicó pocas horas después de que Tardà dejara en ridículo el discurso españolista de Cantó [más interesante que los argumentos son el ridículo, usar el adjetivo españolista como una tacha e inventar una contradicción que no existe si se escucha la defensa de la diversidad lingüística real que hace Cantó en el mismo discurso tan sólo segundos antes].
  • La Voz de Galicia: Toni Cantó matiza su ataque al gallego: «No creo que el castellano esté desaparecido en Galicia». La RAG y el PPdeG coinciden en censurar al diputado [ha habido un presunto "ataque", y se habla de que "matiza" como si Cantó hubiera corrido a intentar enmendar un error, con lo que se lo califica implícitamente de voluble, cuando en realidad se trata de una explicación que da en respuesta a una pregunta de una periodista:] "Yo lo que dije es que está desapareciendo la posibilidad de que muchos trabajadores se muevan libremente por España. Lo que está en peligro es que muchos gallegos puedan trabajar, opositar, optar a una plaza en mi tierra, en Valencia, o en Baleares por la lengua. Por el problema lingüístico." [Pero por algún motivo Tamara Montero, autora de la entrevista y noticia, no se había enterado de que todo el discurso de Cantó iba de eso; estaría bien que saber el proceso por el que se decidió la orientación del titular].
  • Galicia Press (otra entrevista derivada de la intervención parlamentaria original): Olga Louzao responde así a la polémica intervención de su compañero, diputado en el Congreso, donde dijo que “es un hecho que el castellano ha desaparecido de Galicia” [ojo a esa presunta cita textual entre comillas que ataca de nuevo].

Luego están los artículos de opinión, en los que ya paso de meterme, porque son más responsabilidad de opinador de turno que del periódico entero en sí. Titulares mucho más honrados y veraces serían como éste en "Las Provincias":
Cs lleva al Congreso una moción en contra del requisito lingüístico.
Breve y ajustado a lo que Cantó planteó.

Todo lo cual me lleva a ofrecer al estimado lector de este recóndito blog un consejo que me aplico: desconfíe del efectismo periodístico, lea los artículos enteros y acuda a las fuentes originales.

- O -

Dicho lo cual, voy a la segunda parte de esta entrada. Como empleado de la administración educativa gallega doy fe de que las comunicaciones oficiales (ni las sindicales) se hacen sistemáticamente en gallego, y de que muchos docentes se fuerzan a hablar en gallego fuera de las aulas, por motivos que todavía desconozco. En lugar de existir una coexistencia y parcial mezcla lingüística sin conflictos, como ocurre en la sociedad gallega.

Por tanto, en esto yo seré opinador sobre las lenguas cooficiales en esta España de nuestros pecados, aunque lo haré en la siguiente modalidad: proponer directamente una serie de conclusiones fundamentadas mayormente en todo lo dicho en anteriores entradas al respecto del gallego y otras lenguas cooficiales:
  • Las lenguas son códigos convencionales de comunicación, y sólo secundariamente elementos de identidad, a lo que con todo hay que recordar que la identidad ha de ser individual. Rechazo las identidades colectivas, porque incluso éstas son fruto de decisiones individuales.
  • Los territorios no tienen lenguas. Hablar de lengua propia de un territorio, como hace alguna legislación de España, es una simplificación. En un territorio vive gente, que en su vida personal hablará una u otra lengua según conveniencia.
  • Si en un territorio mucha gente habla de una manera parecida y distintiva respecto a otros grupos de gente, no es algo necesario ni inmutable, pues la gente debería ser libre de 1) cambiar de lengua o 2) moverse de territorio.
  • El que con cierta frecuencia una lengua lleve el nombre de un territorio es una casualidad histórica como otra cualquiera. Hay muchas lenguas cuyo nombre no corresponde a elementos geográficos.
  • Todas las lenguas actuales desaparecerán, pues aunque no se extingan, transcurrido el suficiente tiempo habrán cambiado tanto que serían incomprensibles para sus hablantes actuales (esto asúmanlo los filólogos conservacionistas y profesores de cualquier lengua; si alguno tiene en mente que el latín se dejó de hablar, hágaselo mirar, pues planteémonos como ejercicio el elucubrar cómo se llamaría el latín hoy en día si se hubiera mantenido como una lengua unida en lugar de atomizarse).
  • Conservar una lengua no tiene que implicar mantenerla viva en un grupo de hablantes, porque eso implicaría que ponemos el conservacionismo de unos por encima de la libertad de los hablantes. Para conservar una lengua hay que dejarla bien registrada y a partir de ahí que sus hablantes hagan lo que quieran.
  • Las lenguas no son sujetos de derecho.
  • El contacto entre lenguas se produce no en una sociedad en general sino, en el fondo, en individuos que manejan varias de ellas a la vez. La única manera de impedir la contaminación entre lenguas en contacto es eliminar la necesidad de la no deseada mediante el aislamiento, lo cual es un atraso. En el que, dicho sea de paso, muchos conservacionistas lingüísticos están instalados.
  • Una lengua pertenece a sus hablantes. Las "academias de la lengua" son instituciones científicas y no deben estar para mandar cómo decir algo, sino cómo lo dicen sus hablantes. Las verdaderas autoridades lingüísticas no son las academias, sino los gobiernos que fijan las normas oficiales (lo cual es una carga de responsabilidad sobre ellos).
  • Por hablar de la propuesta de Cs, que una lengua cooficial sea un requisito, en lugar de un mérito "simple" (como lo calificaba la noticia de Galicia Press), en realidad perjudica al territorio con cooficial, ya que los aspirantes a funcionario mejor cualificados y que tengan las dos lenguas pueden moverse por todo el territorio nacional, mientras que los que carecen de alguna de las lenguas cooficiales quedan excluidos de parte de dicho territorio, con lo que estas partes acaban acumulando funcionarios no tan cualificados.

15/12/2016

English alternative orthography for fun

The Google Translator tool also offers a phonetic transliteration quite close, in my opinion, to what I'm doing here: an upheaval in English orthography in order to make it as phonetic as possible, keeping minor concessions to History. Just for fun.

Text taken from here:

Hí olsô met dhe wan rômans in his lîf: dhe doter of dhe pastor of Crassy, a yong woman námd Suzanne Curchod, hú wos lâter tu bicom dhe wîf of Louis XVI’s fînans minister Jacques Necker, and dhe modher of Madame de Staël. Dhe tú developed a warm afinity; Gibbon prosíded tu propôz marij, but ultimitli wedlok wos awt of dhe queschon, blokd bôth bî his fadher’s stonch disaprúval and Curchod’s íquoli stonch riluctans tu lív Switserland. Gibbon riturnd tu Ingland in ógust 1758 tu fâs his fadher. Dher cúd bí nô rifûzal of dhe elder’s wishes. Gibbon put it dhis wâ: "Î sîd as a lover, î obâd as a son." Hí prosíded tu cut of ól contact with Churchod, iven as shí vawd tu wât for him. Dher final imôshonal brâk aparentli câm at Ferney, France in dhe spring of 1764, dhô dhâ did sí ich odher at líst wan mor tîm a yer lâter.

Another one from here:

Fríborn Rôman wimen wer considerd sitizens thruawt dhe Ripoblic and Empayr, but did not vôt, hôld political ofis, or serv in dhe militari. A modher’s sitizen status ditermind dhat of her children, as indicâted bî dhe frâz “children born of tú Rôman sitizens”. A Rôman kept her ôn Family nâm for lîf. Children môst ofen túk dhe fadher’s nâm, but in dhe Impirial piriod somtîms mâd dher modher’s nâm part of dhers, or iven ûzd it instéd.

And here:

Simetri is pervâsiv in living things. Animals mânli hav bilateral or miror simetri, as dú dhe lívs of plants and som flawers such as orkids. Plants ofen hav radial or rotâshonal simetri, as dú meni flawers and som grúps of animals such as sí anemonis. Fîvfold simetri is fawnd in dhe ekinoderms, dhe grúp dhat includs starfish, sí urchin, and sí lilis.

And this last one:

Î wos wondering if Û wer âbl tu asist.
Mî fiancé and Î ar geting marid in Óstrâlia in march 2015 and wúd lîk tu com tu Lembongan in jún tu celebrât awr weding with mî famili from Sawth Africa and Ûrop. Mî famili won't bi âbl tu mâk the weding in Óstrâlia as it is tú ixpensiv for dhem tu travel ol dhe wâ tu Óstrâlia. Wi wer thinking Indonizha wúd bi dhe perfect spot as flîts ar ríznabl and dhe wedher is gúd in jún. Is jún dhe drî sízon?

09/10/2016

Très nouvelle ortographe française

...ou mieux, ortografe.

Je sais bien que c'est un exercice radical, mais quelques détails ne seraient trop exagérés (par example, la manière classique, pre-romane d'écrire certaines consonnes ou groupes d'elles, ph, th, ch, h...).

Le texte est tiré d'ici:

Si les crétians des premiers siècles s’avanturt à l’évangélization d’l’ampire, l’cristianisme ne s’empoze oficielmant que progresivmant à partir du IVe siècle, du règne d’Constanten Ier qui s’convertit ô cristianisme, jusqu’ô règne d’l’amperör Téodose Ier, qui fixe l’cristianisme come religion d’État an 381 avec l’édit d’Tesalonique. Jusque là, et malgré divers édits d’tolérance religiöse, les persécutions ont ampèché les crétians d’définir clèrmant une doctrine coérante; c’est ensi que l’amperör Constanten Ier organize un concile à Nicée an 325, pour permetre une armonization téologique et dogmatique. Il an rézulte une disansion liée ô débat trinitère qui favorize dös concets différants: l’églize concilière prône l’égalité antre l’Père, l’Fis et l’Esprit Sent; l’arianisme, jugé érétic par les concilières, prône l’enfériorité du Fis, considéré come une créature d’Diö, par raport ô Père. An niant la nature divine du Crist et an l’réduizant à l’état d’créature, les arians font du Mesie un ètre doté d’pouvoirs extraordinères mès qui n’est ni un ome ni Diö.

07/04/2015

Fantasia ortográfico-histórica portuguesa

A seguir da anterior entrada de blog, continuo a dita fantasia, pensando uma situação em que a divisão entre galego e português não se tivesse mantido no Minho mais tivesse passado ao Vouga. Tenha-se em conta que quanto fantasio é simplesmente isso, não feito com espírito imperialista, mais sim da fraternidade que sinto por Portugal. Redijo não em português, mais no que seria esse galego alternativo, similar ao que fiz na anterior entrada.

É difícil establecer diferenças claras entre un bloco gallego, un citraportugués (setentrional) y un ultraportugués (meridional), por utilizar a denominaçón la filología atual, no s. XVII, en que se produziu o feto definitorio que reuniu o citraportugués co gallego no que hoje se chama tamén gallego y dexou á deriva ao ultraportugués, que simplesmente conservou o nome de português.

A Guerra de Bragança (denominada assín pela casa que a liderou mais perdeu a cidade que dava nome ao seu ducado) ou da Separaçón (nome habitual co que a batizou a historiografía liberal depois da reunificaçón ibérica de 1848) foi un intento só parcialmente sucedido de rutura da unión dinástica da coroa y império portugueses coas demais coroas españolas.

A resoluçón do interminávelmente indeciso conflito considérase habitualmente que ven causada pela entrada de chefes franceses do lado español. A finalizaçón das guerras entre França y España en 1659 y entre Portugal y Holanda en 1663 fiz con que se tornasse interessante a colaboraçón entre aqueles dous primeiros reinos para combater a aliança marítima entre os dous últimos contra eles. Un tratado de paz perpetua entre os reis de França y España, que cedeu o Val de Arán á França y Andorra á España selou una aliança que dura até hoje.

França entrou na guerra ajudando á España a recuperar Açores, Madera, Brasil y Macao en 1663-64. En 1664 começou a movilizaçón de Galiza con a intençón de acrecentar un novo frente ao alentejano. En 1665 as forças españolas no Alentejo foron derrotadas completamente en Vila Viçosa, mais no norte una marea gallega imparável de camponeses, nobres y mesmo bispos animados pela vella rivalidade entre Compostela y Braga ultrapassou o Douro y só foron resistidos pelas forças vitoriosas chegadas do Alentejo na liña do Vouga. Os gallegos entregáronse á pillaje do val do Vouga mais, ante a perspetiva do regresso da guerra á situaçón crónica previa, assinouse velozmente una paz no Tratado do Tajo, que non dexava contento a ningún mais era acollida como un mal menor.

Portugal recuperou a independencia perdendo un tercio de territorio y populaçón y todos os dominios esceto os africanos ao sur das Illas Canarias. O despovoado Vouga passou a ser a principal fronteira entre Portugal y España, y a desapariçón de Aveiro, que levava esperimentando un século de decadencia, marcou a separaçón entre o (ultra)portugués y o gallego. Ao norte do Vouga, a reunión de gallego y citraportugués foi causada pela chegada de nobres gallegos y o desterro de portugueses na Galiza, con numerosos séquitos de camponeses tamén trocados entre as duas terras, y pela degradaçón do arcebispado de Braga a bispado sufragáneo de Compostela, confirmada por Roma aínda cuarenta anos depois.

Nos anos posteriores á guerra, a chamada "Administraçón Francesa" continuou traballando en España, reduzindo as complexidades herdadas da Idade Media y criando o moderno Estado español centralizado, que foi exemplo para o francés nas décadas seguintes y do resto de Europa no s. XVIII.

A España reorganizada pela "Administraçón Francesa", en 1680
(elaborado retrospetivamente partindo de aquí)

Sevilla, Estremadura y León incorporaron algunas faxas fronteiriças, que encaxaron na nova administraçón territorial, mais foi o Norte o que esperimentou mais cambios, ja que non só pretendeu a ocupaçón gallega descabeçar a primazia de Braga y estender as provincias de Tuy y Ourense, senón tamén a incorporaçón da grande cidade de Porto y das simbólicas Viseo (local de enterramento do rey Rodrigo) y Bragança (sé da nova dinastía real portuguesa). A bravura das armas portugueses sin conseguiu defender o grande centro inteletual de Portugal que era Coimbra.

Una consecuencia principal da espansón da Galiza foi a criaçón duna Galiza aberta y potente, reino de primeiro nível entre os da coroa española. Foi capaz de herdar a parte do imperio portugués que se manteve na unión española; tan íntimas foron as ligaçóns, que se considera que a influencia da lingua castellana sobre a gallega se deveu aos contatos diretos entre Galiza y Castela en tanta medida como entre Brasil-Açores y as colonias españolas. O gallego fálase hoje na Galiza, Açores y Brasil, encuanto o portugués vive en Portugal y os Algarves africanos. O resto de antigas colonias portuguesas que permaneceron en mans de España perderon o uso do portugués en favor do español.

Ao contrario, o portugués separado do Norte entrou na sua coñecida deriva, causada pelo domínio absoluto das rápidas inovaçóns de Lisboa. Para cuando a recuperaçón das ligaçóns peninsulares, a inicios do XIX, a ortografía atualizada a finais do XVIII selara ja a separaçón irreversível entre gallego y portugués.

Algúns eruditos opinan que a espansón da Galiza y criaçón de contatos co resto do imperio español causou una escessiva influencia castellana (muito maior que a inversa, consistente práticamente só na conservaçón do "ç" e reduçón dos grupos consonánticos latinos), y que se Portugal non se tivesse partido na guerra, o portugués teria sido máis conservador pelo "travón" que tería representado o cisportugués, y tería sido o gallego y non o ultraportugués o que tería derivado solitariamente.

E há ainda outros que consideran que o gallego isolado na Galiza tería caído baxo una influencia tan forte do castellano, que se tería fusionado con éste, ou desaparecido, de modo tal que non existirían tres linguas no ocidente español, senón dúas: portugués y español. Mais esto é ja especulaçón pura.

Enfín, o Tratado do Tajo foi redigido en español y portugués; dexamos aquí como monumento ás circustancias da Historia a traduçón a español, gallego y ultraportugués modernos o parágrafo que delimitava a nova fronteira entre os reinos:

El Río Vouga hasta San Pedro. El Río Troço hasta sus fuentes, y de ahí hacia el sudeste hasta el Río Dano, quedando Bodiosa y Viseo para España, y San Cipriano y Lourosa para Portugal. El Río Dao hacia sus fuentes hasta su bifurcación, quedando Peñalba del Castillo para España, y de ahí la divisoria de aguas con el Mondego hasta dirigirse reta hacia el este, quedando Trancoso y Piñel para España, y Vila Franca das Naves para Portugal. El Río Coa hasta sus fuentes, quedando éstas, al este de la Sierra de la Malcata, para España. De ahí la línea presente hasta la confluencia del Río Torto con el Bazágueda, y éste hacia el oeste hasta el Río Ponsul, quedando Arañas para España. El Ponsul hasta el Tajo, y de ahí la línea presente hasta el Guadiana. El Guadiana hasta el mar, quedando Olivença y los valles de los Ríos Ardila y Chança para España.

O Río Vouga até San Pedro. O Río Troço até as súas fontes, y de ahí para o sudeste até o Río Dano, quedando Bodiosa y Viseo para España, y San Cipriano y Lourosa para Portugal. O Río Dao para as súas fontes até a súa bifurcaçón, quedando Peñalba do Castelo para España, y de ahí a divisoria de aguas co Mondego até dirigirse reta para o este, quedando Trancoso y Piñel para España, y Vila Franca das Naves para Portugal. O Río Coa até as súas fontes, quedando éstas, ao este da Serra da Malcata, para España. De ahí a línea presente até a confluencia do Río Torto co Bazágueda, y éste para o oeste até o Río Ponsul, quedando Arañas para España. O Ponsul até o Tajo, y de ahí a línea presente até o Guadiana. O Guadiana até o mar, quedando Olivença y os valles dos Ríos Ardila y Chança para España.

Riu Vog té Sau Pedr. Riu Troç té sus fots, e d’aí pra Su-Est até Riu Dau, ficá Budiós e Vizeu pra Spaña, e Sau Cipriau e Loróz pra Portugal. Riu Dau pra sus fots té su bifurcaçau, ficá Piaub-Casteu pra Spaña, e d’aí divizória d’águas cu Mudeg té dirigir-s reta pr’Est, ficá Tracóz e Pieu pra Spaña, e Viufrac-Navs pra Portugal. Riu Có té sus fots, ficá estas, a Est Ser Maucát, pra Spaña. D’aí lía prezet té a cuflueç d’Riu Tort cu Bzágda, e est pr’Uest té Riu Pusú, ficá Arás pra Spaña. Pusú té u Tej, e d’aí lía prezet té Guadiá. Guadiá té mar, ficá Uliveç e ’s vaus des Rius Ardiu e Xaç pra Spaña.

09/01/2015

Fantasia ortográfica portuguesa

Posto a estudar algo de português, e a ler algo da sua histôria, e dando voltas ao atual Acordo Ortográfico, dei em fantasear sobre o que pudesse ter acontecido se, por motivos quaisquer (provavelmente políticos) os lusoescribintes tivessem mantido uma ortografia menos inovadora em relação ao tronco iberorromance. E pus-me a transcribir um excerto duma edição brasileira das Histórias de Heródoto (Livro IV), achando que da uma aparência muito similar ao galego (especialmente à ortografia lusista, logicamente), mesmo tendo como referência o espanhol para fazer os seguintes cambios (que não forçam a pronúncia portuguesa, suposta invariável):
  • -m > -n;
  • opção pelas ñ, ll espanholas em vez das nh, lh provençais;
  • ditongos: ou > oei > e;
  • conjunção e escrita como em espanhol, y;
  • acentuação paralela à espanhola;
  • eliminação de vogais epentéticas (eia > ea; oferenda > ofrenda, etc.) e reversão de dissimilações (eu > eo, etc.);
  • reversão da ortografia da nasalidade tónica a uma mais etimológica (-ão > -ón, etc.);
  • qu- > cu- diante de a, o, como em espanhol e galego;
  • eliminacão do acento grave (à), substituído pelo agudo;
  • reversão a sc- etimológica em vez de c-;
  • sufixo -idade > -idad;
  • pequenas alterações nas vogais fechadas.
O texto ficou assim (com licença do meu professor de Português e dos irmãos lusofalantes):
Nen os Scitas, nen cualquer otro povo dessas regións falan dos Hiperbóreos a non ser os Issedons os cuais, a meu ver, tambén nada dizen. Pois do contrario os Scitas (que por informaçóns deles nos falaran sobre os Arimaspes) dir-nos-ían tambén cualquer coisa. Entretanto, Hesíodo a eles alude, o mesmo fazendo Homero nos Epígonos — a acreditar-se seja ele o verdadero autor desse poema.
Os Delios falan mais detalladamente sobre o referido povo. Contan que as ofrendas dos Hiperbóreos lles viñan envoltas en palla de trigo. Passando pelas mans dos Scitas y transmitidas de povo a povo, essas ofrendas alcançavan terras distantes, chegando até o Adriático, a ocidente, de onde eran enviadas para o sul. Os Dodoneos eran os primeros Gregos a recebe-las. Dali descían até o golfo Malíaco, de onde passavan para a Eubea, y, seguindo de uma cidad para otra, ían ter a Cariste. Dalí, sen tocar en Andros, os Caristeos levavan-nas para Tenos, de onde os Teneos as transportavan para Delos. A dar crédito aos Delios, era assín que essas ofrendas chegavan á sua illa. Acrescentan eles que, nos primeros tempos, os Hiperbóreos enviavan as ofrendas por intermedio de duas virgens — Hiperoquea y Laodicea; que, para segurança dessas jovens, os Hiperbóreos fazían-nas acompañar por cinco cidadáns, a que atualmente se renden grandes homenagens en Delos sob o nome de Pérferos; mas que, os Hiperbóreos, non os vendo regressar y ante a desagradável possibilidad de viren a perder muitos otros de seus delegados nessa missón, resolveran, depois de certo tempo, levar as ofrendas até as fronteras, envoltas en palla de trigo, de onde eran enviadas aos viziños mais próximos, a quen solicitavan remete-las a otra naçón. Dessa manera, as ofrendas ían passando, segundo os Delios, de país a país, até chegaren ao seu punto de destino.
Noté, entre as mulleres da Tracia y da Peonia, un curioso costume con relaçón ás coisas sagradas. Elas jamais sacrifican a Diana real sen fazeren uso da palla de trigo. Es como, segundo dizen, elas proceden:
Os jovens delios de ambos os sexos cortan o cabelo en honra das virgens hiperbóreas que morreran en Delos. As moças cumpren esse dever antes do casamento. Tomando de un cacho dos cabelos, enrolan-no nun fuso y colocan-no no túmulo das virgens, no recinto consagrado a Diana, á esquerda de quen entra, á sombra de uma olivera. Os jovens delios encrespan os cabelos con o auxilio de gravetos y colocan-nos no mesmo local.

04/01/2015

Sangenjo - Arteijo

En la Wikipedia en español, en los artículos sobre lugares de españa con nombre en una de las lenguas cooficiales, se pueden ver discusiones que al principio resultan curiosas, al final aburridas, sobre qué nombres son los correctos. Básteme sobre estas discusiones remitirme a los criterios de la propia Wikipedia en español al respecto, que determinan qué es lo que está bien puesto en Wikipedia.

Lo que me interesa es el hecho en Galicia, relacionado con los motivos de dichas discusiones, de oír de vez en cuando que nombres como Sangenjo, Arteijo, Puebla, Noya, Rianjo, Villagarcía, Puentes, Villaúje, etc. "están mal" o incluso "no existen" porque no son oficiales o porque son "traducciones equivocadas". Posturas que de siempre me resultaron curiosas y, a raíz de pensármelo dos veces y formar mi opinión en el asunto, empezaron a serme además fastidiosas.

Mi primera toma de posición viene por el rechazo del oficialismo lingüístico, que es considerar que las cosas "se dicen" como lo mandan las autoridades, en lugar de otorgar la soberanía lingüística a los hablantes de cada lengua, como hace (y creo que muy sanamente) la RAE. Es decir, que una palabra "se dice" cuando al menos una persona la usa y punto, no cuando aparece en un diccionario.

A continuación podemos empezar a eliminar capas de simpleza por el hecho de que en topónimos cuya pronunciación no se distingue entre gallego (el real, no el "xunteiro" normativo) y castellano, las diferencias ortográficas son sólo apariencia (p.ej. "Noya - Noia", que en ambas lenguas se pronuncia /'noʝa/ y sólo el gallego oficial exige como /'noja/).

El siguiente paso es descartar el argumento de que determinadas cosas "se dicen mal porque lo mandó Franco", como si Franco tuviera aún tanta capacidad para alienar a sus paisanos cuando lleva muerto más tiempo del que estuvo mandando... o para haber mandado cambiar cosas antes de mandar. Quiero decir que este argumento sencillamente desconoce que hubo otras épocas (anteriores a la fiebre nacionalista decimonónica, recomiendo v. El Paraíso Políglota) en que la gente se preocupaba más por comunicarse y menos por imponer su personal sueño de identidad colectiva a sus vecinos, y por tanto hablaba y escribía sencillamente como le parecía más adecuado, y por tanto es entendible que escribieran tal o cual cosa de manera diferente a como se hace hoy en día... entre otros motivos porque las cosas siempre cambian y ellos vivían en otra época. Pondré como ejemplos cinco mapas de Galicia que tengo delante según escribo esto, que por orden cronológico son:
  1. el de Ojea (1602),
  2. el de Cantelli (1696),
  3. el de Tomás López (1784),
  4. el de Dufour (1849),
  5. este otro, menos detallado, que incluyo sólo por su fácil accesibilidad on-line y pertenecer a todas luces al s. XX.
Me referiré a ellos por su numeración. Ojo, no son reflejos fidedignos de cómo eran todos los topónimos que incluyen en la época en que se confeccionaron (de ningún documento nos podemos fiar tanto), pero sí sirven de referencia para el proceso de evolución de los nombres.

Porque sí, evolución es, creo yo, el concepto clave. No podemos juzgar a la ligera que algo "está mal" sin entender por qué está así. Así que vamos a ejemplos como los que mencioné arriba.

Cuando se habla de "mala traducción" o algo por el estilo, estamos presuponiendo que la persona que dice "mal" un nombre lo hace aplicando una traducción al término "bueno". Pero ¿y si no está traduciendo, sino simplemente repitiendo lo único o lo más frecuente que ha oído?

Por si algún foráneo lo desconoce, a raíz de la Ley de Normalización Lingüística del Parlamento de Galicia, de 1983, ha habido un exterminio oficial de los topónimos castellanos ya que dicha ley establece (Art. 10.1) que "Los topónimos de Galicia tendrán como única forma oficial la gallega". Esta galleguización, en consonancia con el criterio corto de miras de que (Art. 1) "El gallego es la lengua propia de Galicia" (ojo, la única) no ha reconocido el hecho de que muchos nombres castellanos podían ser tradicionales y por tanto formar también parte del patrimonio cultural de Galicia.

La galleguización, al plantear como no propias de Galicia las formas en castellano, sí ha incurrido en el riesgo de traducir nombres que no eran traducidos, sino simplemente patrimoniales en una lengua que también existía en Galicia.

Vayamos a dos casos concretos, los que más me han animado a enrollarme con esta entrada: Sangenjo y Arteijo, que no sólo comparten el conflicto en torno al fonema /χ/, sino también el hecho de que corresponden a localidades vecinas a dos capitales de provincia, por tanto tradicionalmente más conectadas con la administración central y con más implantación de la lengua española común que su entorno.

Sangenjo (oficial en gallego Sanxenxo): la traducción exacta al castellano que se le suele atribuir sería San Ginés, pero no es éste el nombre castellano que algunos usan, sino Sangenjo, que no es por tanto la traducción del gallego. Ambos, "Sangenjo" /saŋ'χenχo/ y "Sanxenxo" /san'ʃenʃo/ tienen su origen último (v. la interesante tesis doctoral de Joaquín Caridad) en Sanctus Gĕnĕsius, título dado a Poseidón, que en cierto momento de la Edad Media se escribió "Sanctu Geneciu" porque se pronunciaba /san 'ʒentsio/ tanto en gallego como en castellano, que en aquel momento aún no se habían diferenciado en la pronunciación de esas consonantes.
Pero en el paso de la Edad Media a la Moderna las lenguas romances occidentales simplificaron su sistema de sibilantes. Entre los ss. XVI y XVII el castellano y el gallego realizaron el cambio de manera similar, que afectó a nuestro topónimo así: /san 'ʒentsio/ > /san'ʃensio/ > /san'ʃenʃo/.
Pero mientras que la pronunciación gallega sólo "llegó" hasta la /ʃ/, que hoy escribe como "x", en castellano siguió cambiando, llevándose la pronunciación del paladar al velo del paladar e incluso más atrás, como en la mayor parte de España, en que la pronunciación de /x/ es uvular (/χ/). Por último, la grafía con que se representaba /x/ se uniformizó a "g" y "j" en casi toda la Hispanidad (no en México, por ejemplo, donde más se conserva la grafía "x" arcaica y aún se pronuncia /x/).
Por tanto en castellano la evolución de la pronunciación continuó /san'ʃenʃo/ > /san'xenxo/ > /san'χenχo/. Y es asimismo lógico que nos lo encontremos escrito "S. Xenso" en los mapas 1 y 2, "San Jenjo" en el 3, "Sanjenjo" en 4 y "San Genjo" en 5: nos muestra que de 1 a 4 la ortografía era relativamente fonética, siguiendo el /ʃ/ al principio común a gallego y castellano, representado con una "x" no etimológica; al diferenciarse el castellano y cambiar la norma ortográfica, la ortografía siguió a la pronunciación. Sólo en el caso del s. XX tenemos la opción no sólo fonética sino más etimológica de "Genjo" (< "Geneciu", recordemos).
Nótese y compárese respecto a este caso que este "Gĕnĕsius" da también el nombre de la localidad orensana (sin seseo por tanto) que sólo aparece como "Ginzo" en 1, 4 y 5, y "Jinzo" en 3. Tendríamos que ponernos a comprobar si "Xinzo" es ortografía tradicional o sólo un producto de la normalización.

Arteijo (oficial en gallego Arteixo): como le ocurre a Sangenjo, su traducción ciega al gallego sería una especie de "Artejón", pero si nos fiamos de lo que varias fuentes dicen, incluida la web del Ayuntamiento (y parece un dato verosímil), en realidad procede de Artasio, topónimo prerromano. Mismos fonemas /χ/ y /ʃ/ y misma situación. Eso sí, sólo aparece en el mapa 3, y como "Arteixo", que en aquella época (1784) lo mismo podía estar escrito en castellano que en gallego.

Con todo esto quiero dejar claro que, en definitiva, hay muchos casos en que el castellano "g, j" = gallego "x" no es una "mala traducción", sino una cuestión compleja. A lo sumo, sólo en algunas fases más recientes, una vez que se cobra conciencia de la diferencia entre la pronunciación gallega y la castellana (entre otras cosas representada por la diferente ortografía), podríamos estar seguros de que nombres que rara vez se habrán mencionado en castellano sufren una traducción sin apoyo en la tradición (como el caso que conocí de Coucijoso por Coucixoso, lugar aislado de la influencia lingüística castellana). Pero tampoco podemos estar seguros. Yo mismo consideraba una "traducción" innecesaria la que de vez en cuando oía en algunos círculos cercanos de "Villaúje" por "Vilaúxe" (al sur de Chantada), pero he aquí que en medio de la redacción de esta entrada me encuentro el ejemplo castellano en el mapa 3.

Esos dos siglos, XVI y XVII, de evolución del castellano /ʃ/ > /x/ fueron sin duda de vacilación de pronunciaciones y al cabo ortografías, con una /ʃ/ gallega = /x/ castellana, escritas según los casos, unas veces etimológicos y otras no, como "x", "g" o "j" (dicha sea de paso la ocurrencia de que el gallego, uniformizando todo a "x", ha perdido una oportunidad de hermanarse gráficamente tanto con el portugués como con el castellano, manteniendo grafías como "Ginzo", que se pronunciaría /'ʃinθo/ en gallego, /'χinθo/ en castellano y /'ʒĩzu/ en portugués pero se escribiría igual en las tres lenguas).

El hecho de que los dos casos que dan nombre a esta entrada sean topónimos, como digo arriba, cercanos a la irradiación de la lengua castellana en Galicia es lo que me ha hecho adoptar mi postura actual al respecto, que es la de no tomar una decisión ligera a la hora de juzgar la autenticidad de un topónimo. Considerar que todos los nombres de Galicia deben estar en gallego es arriesgarse a destruir lo original y perder riqueza verdadera, no retórica, en otra de las manifestaciones de lo que yo llamo el "síndrome del taxónomo" en la política lingüística: la obsesión por la variedad lingüística hasta el punto de poner su preservación por encima de la libertad de la gente para hablar lo que le venga en gana siempre que pueda.

He comprobado en varias ocasiones que el topónimo castellano era mantenido por gallegohablantes de la zona al hablar en castellano, que usaban en cambio el gallego al hablar en gallego, como es lógico; mientras que gente desconocedora del topónimo tradicional castellano (gente esta tanto gallegos como foráneos) consideraba una rareza incluso risible la versión castellana, ya que sólo han conocido el topónimo oficial. Como, por otra parte, ocurre con Sangenjo y Arteijo, que he oído en boca de, respectivamente, pontevedreses y coruñeses (capitalinos en ambos casos), además de foráneos en caso de Sangenjo, que lo llevan por supuesto diciendo toda la vida, y no lo han traducido de ningún lado.

NOTA a 16/02/2019: Disfrutando con las disquisiciones filológicas de J. J. Moralejo en Callaica Nomina, acabo de encontrar su análisis al respecto de lo tratado en mi entrada, coincidente con ella y a la que aporta más datos y profundidad. Transcribo:
Hay otros supuestos de la castellanización que tienen su particularidad: por ejemplo, casos tópicos como Sangenjo -es decir, todas las grafías con g y j frente a la x hoy normativa: Ginzo, Deijebre, Fojo...- no representan otra cosa que formas patrimoniales gallegas -puras y auténticas, digamos, pero ‘corrupciones’ de Ginesius, Dessiobris, Foveum-, son formas con grafías tradicionales o históricas (y en muchos casos, no siempre, etimológicas) g, j que la lengua gallega compartió con todas las demás peninsulares (cf. en portugués Aljubarrota, Gerês...), pero que la escolarización exclusiva en lengua castellana arrastró a valores fonológicos castellanos modernos, es decir, a una fricativa gutural sorda de la que se quiso escapar con la grafía x que tenemos en Sanxenxo, Xinzo, Deixebre, Foxo... y en léxico común queixo, buxo, coxa...; una grafía que ahora los lusistas rechazan por antietimológica y aislacionista.

04/12/2010

Barreras entre gallego y castellano

Soy de los que consideran que en Galicia no existen núcleos monolingües ni barreras comunicativas entre gallego y castellano, esto es, entre hablantes preferentes de una u otra lengua; los estudios dejan claro que en Galicia son clara minoría los que sólo hablan una de las dos.
Más aún, en múltiples aspectos gallego y castellano funcionan (es decir que son utilizados) como variantes de un único sistema, lo cual es ejemplificado por situaciones como que los hablantes de una de las lenguas saltan a la otra para aportar matices al discurso (lo que no podría ocurrir si para ellos fueren dos códigos equivalentes diferentes), o que hablantes de gallego usan el castellano en registros en los que sin embargo muestran dificultades con el gallego normativo, llegando incluso a rechazar que se use con ellos.
La proximidad entre gallego y castellano se fundamenta no sólo en la proximidad de los rasgos lingüísticos sino también en el hecho de que todos los hablantes de aquél son competentes en éste al nivel al que lo puede ser cualquier otro castellanohablante. En Galicia, gallego y castellano están profundamente interpenetrados; me remito a entradas anteriores del blog para más detalles; baste aquí recordar que tal proximidad es creciente, hallándose el gallego común (no normativo) en proceso de fusión con el castellano (que en Galicia, como es natural, también vive la influencia del gallego). Podría llamarse “reintegración” igual que la pretendida por algunos con el portugués, pues en su día también gallego y castellano fueron la misma lengua. La intercomunicación, que algunos se empeñan en considerar imposición, favorece dicho proceso; es una simple cuestión de inercia entre una lengua hablada por 2,5 millones de personas y otra por 200 veces más (entre ellos los hablantes de la primera) que el resultado final sea más próximo a la última.
En la medida en que se mantengan como diferentes, la mera intercomunicación determina que hoy se mantenga la tendencia de uso a favor del castellano, incluso después de décadas de defensa del gallego que lo han justamente dignificado y han relegado al ridículo actitudes antiguas que le asociaban de modo general connotaciones negativas (la consulta de la Xunta en 2009 sobre la lengua en la enseñanza muestra claramente que los padres defienden que sus hijos aprendan gallego más favorablemente a lo que determinarían los porcentajes de uso preferente que hacen del castellano). Los medios por los que se podría preservar la separación entre una y otra lengua serían la separación de las dos comunidades de hablantes (imposible porque habría que tronchar, en el significado culto del término, a la mayoría de gallegos) o hacer el esfuerzo de mantener la distinción entre los dos códigos lingüísticos, en cuyo caso nos mantenemos en el equilibrio inestable que ya he descrito.
La opción de la diferenciación es la tomada por las autoridades lingüísticas del gallego en la elaboración de la normativa, frente a la tendencia integradora con el castellano de la mayoría de gallegos, y es la única fuente de algún problema (mínimo, con todo) que he encontrado en mi experiencia personal con alumnos y programaciones de enseñanza básica y media, a saber: el vocabulario extraño. Es un problema mínimo porque es una cuestión de simple traducción; no hay una auténtica separación de conceptos, de significados, como he explicado, entre otros motivos porque el lenguaje utilizado trasluce que los propios autores de los libros de texto son en muchas ocasiones ellos mismos castellanohablantes. El problema de las “palabras raras”, que son mayormente vocabulario técnico, es el mismo para alumnos gallegohablantes como castellanohablantes, pues el estándar que ambos utilizan en la vida diaria es el común de España, no el normativo de la RAG, y produce pequeñas lagunas de léxico especializado.
La cercanía y fusión entre gallego y castellano vuelve completamente absurdo y contraproducente todo esfuerzo por levantar barreras entre una y otra lengua, estando en mi opinión en condiciones de ser tratadas como una sola, como según digo ya hacen muchos gallegos. Henrique Monteagudo recalca en el artículo que menciono (p. 51) la posibilidad de utilizar cualquiera de las dos lenguas incluso en la primera enseñanza, pero paralelamente, de acuerdo a una intención intervencionista en las vidas de los escolares, sostiene en las pp. siguientes que el gallego debe recibir trato de favor.
Uno de los argumentos que expone el autor para defender dicho trato es que considera que el gallego todavía es minusvalorado y sufre prejuicios por parte de la sociedad (que por otro lado es su propietaria), incomprendiendo una vez más que en el entorno social y económico de cualquier gallego, objetivamente la pura utilidad pragmática pone primero al castellano y a continuación al inglés; la del gallego reside sólo en su cercanía al castellano o (en grado menor) al portugués. La frase típica de los padres de otros tiempos sobre que “na escuela non fai falta que estudien gallego, que ése xa o aprenden na casa” sigue siendo tópicamente incomprendida, pues no era un desprecio a su lengua tradicional, sino querer que el recurso público que es la escuela diese las mejores oportunidades a sus hijos. Monteagudo, abundando en la idea intervencionista, “actitudinal” (p. 56), defiende que el único medio que puede promover el debido conocimiento de las lenguas es la escuela, y que es necesario para revertir el estatus de las lenguas “minorizadas” (íd.; no minoritarias, lo que implicaría una concepción de nuevo más realista de los motivos por los que las lenguas se extienden o extinguen). En cambio la boyante situación del castellano permite un margen de mayor desatención del mismo en la enseñanza, ya que cualquier gallegohablante, en este caso sí, ya accede “ao seu coñecemento para poder usalo cando queira ou precise” (p. 59) de modo natural y sin necesidad de promoción artificial por parte de los poderes públicos.
Todo ello no debe hacernos olvidar un hecho incontestable en el que coincido con Monteagudo (p. 58): que las lenguas, como cualquier otro conocimiento, cuantas más se sepan, mejor. Y aunque se hacen actos de fe respecto a que la diversidad enriquece, yo más bien diría que la diversidad es la que es y punto, pero es el conocimiento lo que permite aprovechar los elementos positivos y salvar los negativos (que sí existen) de la diversidad.
Con esto termino la publicación de mi comentario a los tres artículos mencionados hace unos días.

02/12/2010

Lenguas oficiales en Galicia

Sin entrar desde luego a cuestionar el imperio de la ley, que es un rasgo de civilización, sí podemos cuestionarnos si las leyes vigentes son las óptimas.
Respecto a la oficialidad de las lenguas, es un aspecto en el que se entra en mi opinión demasiado a menudo en la vida privada de las personas. La formulación de la Constitución Española (Art. 3.1.: “El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”) es suficientemente abierta como para que el motivo de que se disponga un deber respecto al español pueda ser interpretado en sentidos diversos: desde el más liberal porque ayuda a mantener las oportunidades que el castellano ofrece a los ciudadanos españoles dentro de la nación que formamos, hasta el nacionalista en que sea para preservar la identidad colectiva de los españoles.
El Estatuto de Autonomía dice poco sobre la lengua, pero basta para introducir matices que no toman la opción liberal sino la intervencionista, siendo además asimétrico a favor del uso del gallego (Art. 5.1.: “A lingua propia de Galicia é o galego”; art. 5.3.: “Os poderes públicos de Galicia […] potenciarán o emprego do galego en tódolos planos da vida pública, cultural e informativa”).
Dos años tardó en desarollarse el espíritu subyacente a ese artículo lingüístico del Estatuto en una “Lei de normalización” que desde su mismo título desconsidera las libertades individuales y en su preámbulo despliega una pirotecnia sobre identidades colectivas, elevación del gallego a elemento clave para su preservación e ignorancia deliberada de que los mecanismos por los que las lenguas pierden hablantes son básicamente internos de éstos.
En ninguno de estos textos legales, que he comentado en su orden jerárquico, se defiende la única política lingüística que considero aceptable (descrita en la entrada anterior), que intentaría hacer una defensa no de la normalización de ninguna lengua sino de la normalidad (libertad) lingüística respecto a cualesquiera que existan en la sociedad a la que afecte dicha legislación.

Derechos lingüísticos colectivos

La Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos es un instrumento contradictorio a la hora de tratar los derechos individuales, pues aun mencionando al individuo, desde sus propios preliminares yerra, entre otros motivos:
  • subordinándolo a las identidades colectivas como instrumento para la preservación de éstas;
  • ignorando su capacidad para tomar sus propias decisiones;
  • obviando la dimensión utilitaria de las lenguas, y por tanto los mecanismos por los que son adoptadas o abandonadas, así como las razones objetivas para su promoción;
  • considerando implícitamente las lenguas como sujeto de derecho, e
  • identificando lenguas con territorios (v. entrada anterior).
Si consideramos como la situación ideal para el individuo aquélla en que es libre de hacer su voluntad, no nos queda más que aceptar que no hay argumentos suficientemente elevados como para imponerle el deber de hablar una lengua que no le interesa objetivamente (v. J.R. Lodares, El Paraíso Políglota). Esto va en contra de muchas políticas lingüísticas, que ponen el foco en las lenguas y no en el interés de los individuos. Siguiendo lo argumentado en dos entradas anteriores, considero que la única política lingüística aceptable sería asegurar mediante la educación que los niños tengan la competencia necesaria en las lenguas que les hagan falta para ser ciudadanos de pleno derecho en el futuro y les dé mayores oportunidades en su vida.
Podemos reflexionar sobre por qué esta fijación por la lengua como elemento de identidad. Si es cierto lo que ya he defendido, que la cosmovisión del individuo reside en los conceptos o significados subyacentes a su(s) idioma(s), una diferencia en éstos entre dos personas no las haría auténticamente diferentes, si logran superar la barrera idiomática. Hay además una enormidad de otros rasgos culturales diferentes del idioma que conforman la identidad de las personas y los pueblos que, esos sí, se intentan extirpar por muy tradicionales que sean. Por ejemplo, en Galicia son de lo más enxebres el bocio, la tuberculosis, el caciquismo, el minifundismo y los matrimonios “de penalti” (no quiero decir que sean exclusivos de Galicia), pero hasta entre los planteamientos multiculturales más conservacionistas se considera (no siempre) que sus causas deben ser erradicadas. También son típicos las faldas largas y el paño en la cabeza, pero la moda dicta ropa vaquera y paños, si es el caso, palestinos; la música estadounidense o irlandesa en lugar de la jota y el pasodoble; sector servicios y no andar coas vacas.
Sin mayor profundización en la Psicología, me atrevo a opinar que el motivo por el cual la lengua funciona como un marcador tribal tan fuerte es cuestión de apariencias, es decir, que en un hecho tan fundamental para el ser humano como es la comunicación interpersonal, y dentro de ésta la lingüística, las diferencias de idioma son un rasgo que llama la atención inmediatamente y que en una mentalidad primitiva inspira rechazo al que es diferente (cf. el caso ejemplar de “shibboleth”).
Remato el comentario sobre este artículo rechazando también la concepción adoctrinadora de la escuela que muestra el último párrafo del artículo de Teresa Moure, abundando en lo dicho: creo que la enseñanza obligatoria debe mantener el objetivo de aportar al alumno el mínimo para su óptimo desarrollo como individuo libre.

01/12/2010

Defectos de los mapas lingüísticos

Usar los mapas para reflejar las lenguas habladas en un territorio es algo tentadoramente fácil, de hecho bastante frecuente. El concepto es sencillo: según se hable en un sitio, se pinta ese punto del mapa del color correspondiente, y ya tenemos, como decía la canción, “un país multicolor”.
En realidad no es tan sencillo. Dependiendo de la información que se quiere que el mapa dé, en ocasiones los mapas se hacen de las lenguas consideradas autóctonas (discutible concepto) y no de las demás; de hecho, son ésos los que se usan para defender los derechos seculares de las gentes a seguir hablando las lenguas de sus antepasados (entre las que sin embargo Teresa Moure por ejemplo no quiere incluir al afrikaans, tan antiguo en sus zonas de mayor implantación como las lenguas bantúes, sólo por pertenecer al grupo social que fue dominante en su país).
Ahora bien, la situación en que se pueden trazar fronteras lingüísticas es aquélla en que de modo general sólo se habla una lengua en un determinado punto. El defecto clave de los mapas lingüísticos es que asocia lengua con territorio, obviando que tal asociación tiene un intermediario que es el individuo. Es decir, no es que en un territorio se hable una lengua, sino, como ya he dicho:
en un territorio hay una serie de habitantes, cada uno de los cuales habla las lenguas que sea, y haciendo estadística se puede sacar cuánto se habla una lengua y cuánto otra.
A la situación en que es válido un mapa lingüístico se llega cuando:
  • la movilidad poblacional es nula, pues de lo contrario se hace necesario acudir a un nivel de detalle microscópico e imposible de reflejar a escala regional en el mapa, o más sencillamente se alternan rayas de colores o un sombreado;
  • en un punto sólo se habla una lengua, lo cual implica que la única posibilidad de tener que hablar otra sea con un forastero.
Es decir, a este estado se llega mediante la existencia de una situación objetiva de atraso (lo que explica lo que he dicho acerca de éste en la Francia del Ancien Régime), pues varias de las vías por las que una persona puede salir de él buscando mejores oportunidades en la vida son por un lado la movilidad geográfica, y por el otro la convivencia con gentes con otras vivencias, ideas y culturas, lenguas incluidas.
En la mayoría de los casos, en una sociedad avanzada un mapa lingüístico es una herramienta poco realista y que induce a errores de concepto, y ni mucho menos se debería esgrimir para defender lo que se debe hablar o no en un territorio. Las relaciones lingüísticas se dan entre personas, no entre territorios (v. p.ej. "Cómo el homo se convirtió en sapiens", de P. Gärdenfors, sobre la falta de lenguaje en los casos de personas solas ante el entorno, que no reciben el lenguaje a la edad adecuada). En general cada individuo tiene unos ámbitos de comunicación propios que implicarán unas lenguas, dialectos, jergas, registros, etc. también propios; la situación en que una lengua se corresponde con un territorio es en realidad excepcional. Más aún, desde el estricto punto de vista del individuo libre, los conceptos de lengua autóctona/alóctona o incluso propia/extraña son inaplicables; a lo sumo, materna/adquirida.

30/11/2010

Crítica de las bases de la ecolingüística

Al principio de este blog planteé la similitud entre las especies biológicas y lingüísticas. En esa ocasión me fijé en los rasgos de transmisión de innovaciones, “mutaciones”, en terminología biológica. Podría pensarse que esta consideración abunda en la equiparación de lenguas y especies que hace la ecolingüística, pero un análisis más profundo lo desmiente.
Atendiendo a las raíces de los conceptos, tengamos primero en cuenta qué es una especie biológica. No son unos animales concretos, pues aunque los animales nacen y mueren, la especie permanece. Siendo un poco más abstractos, no es siquiera un conjunto de animales, sino determinadas características más profundas de los mismos. Los individuos de una especie intercambian constantemente la materia que los constituyen con el entorno; de hecho podrían intercambiar todos sus átomos a lo largo de su vida y diríamos que siguen siendo los mismos individuos, y desde luego pertenecerían a la misma especie en que nacieron. Por tanto, en una definición profunda, la especie consiste en un conjunto de instrucciones, los genes, para la organización de dichos átomos.
En cuanto a una lengua, consiste al igual que una especie en elementos de información, sólo que en una especie actúan sobre átomos y moléculas y en una lengua sobre sonidos y otras entidades abstractas. A causa de esta abstracción de partida, en la historia de la ciencia ha sido más fácil identificar la naturaleza abstracta de los componentes de las lenguas que la de los genes.
Pero si en ambos casos, el biológico y el lingüístico, se trata de elementos de información, ¿hay alguna diferencia entre unos y otros? ¿No seguimos reafirmando la equiparación entre lengua y especie?
Hay un punto clave de diferencia, y es que una lengua es un código en principio arbitrario, concepto también temprano en la historia de la Lingüística. Por mucho que los hablantes de un código situados en un entorno desarrollen un idioma idiosincrásico, ello no quita que tal idioma siga teniendo una conexión arbitraria con el entorno (con la conocida salvedad de onomatopeya e interjección), es decir, que si la evolución hubiera sido diferente, hubiera importado lo mismo que hubiera desembocado en una combinación sonora distinta, mientras el concepto subyacente (el “significado” en la terminología clásica) fuese el mismo.
Esto nos lleva de nuevo a la utilidad de las lenguas tratada en la entrada anterior. Pongámonos en la situación del hablante de una lengua cualquiera que se encuentra con un código diferente, esto es, que usa otros signos lingüísticos. Mientras la nueva lengua tenga un elenco de significados equivalente, por así decirlo, la comunicación será relativamente neutra, insulsa si se me permite adjetivarla, pues consistirá simplemente en descubrir las equivalencias en significantes (sigo con los términos clásicos) y traducir. En este sentido, la existencia de lenguas diferentes es un escollo para la comunicación, y va por tanto contra el propio sentido de lo que es una lengua como medio de comunicación. De hecho, una equivalencia total entre dos códigos lingüísticos es un equilibrio inestable en el tiempo, que acaba desembocando en su resolución a favor de uno de los dos o la fusión en una nueva lengua criolla (hecho éste que es de total relevancia para las políticas lingüísticas, por ejemplo las desarrolladas en Galicia).
Pero el escollo sólo existe en el plano de los significantes. La riqueza de la diversidad lingüística no está en ellos, sonidos arbitrarios, sino en los significados. Está en que los hablantes de otra lengua tengan no otras palabras, sino otros conceptos que, esos sí, enriquecen el acervo cultural de aquéllos a quienes son transmitidos. El hablante de una lengua que se encuentra otra con conceptos e ideas diferentes ya no lo tiene tan fácil para la traducción, pues las equivalencias no son exactas y o bien adapta una palabra de su propio lenguaje, o adopta la del nuevo, o simplemente inventa. Este contraste de significados es el motor del préstamo de palabras y, de un modo más complejo (pues implica no sólo palabras sino la gramática entera), de la creación de pidgins y lenguas criollas.
La realidad nunca se mueve en los extremos de la total coincidencia de significados, que hace de la variedad un problema, ni de la total disyunción, que la convierte en riqueza una vez lograda la traducción. Basta hojear un diccionario bilingüe para comprobar numerosos casos de palabras de traducción biunívoca y otros tantos de varias traducciones posibles, o que no son las únicas que corresponden con su más próximo equivalente en el otro idioma.
Respecto a la conservación de especies biológicas y lingüísticas, hay un aspecto añadido que separa a unas y otras. Preservarlas implicaría ser capaz de mantener y reproducir los datos en que cada una consiste. Las biológicas consisten en genes, y hoy por hoy la única manera de preservarlos es mantener vivas las especies, pues aún no ha llegado nuestra tecnología a un nivel tal que permita reconstruirlas en base a los “manuales de instrucciones”. Aún estamos empezando a registrar los genomas, y empezando por ahí no existe la capacidad de componer los genes ensamblando molécula a molécula.
El caso de las lenguas es diferente. Más de cinco milenios de existencia tiene la escritura, y aunque es un sistema imperfecto para registrar tan siquiera los sonidos de las lenguas, ha bastado para mantener en un estado taxidérmico idiomas como el latín clásico o el hebreo, éste resucitado incluso. Pero ahora sí disponemos de la capacidad para registrar los sonidos y conceptos fielmente en estudios tanto lingüísticos como etnográficos, y somos capaces de reproducirlos; de ahí lo positivo de las iniciativas que documentan la diversidad lingüística. Esta clase de proyectos salvan la diversidad lingüística para el futuro aunque las lenguas estudiadas mueran, pues salvarían los tanto los significantes como los significados que componen las lenguas. Y no está fuera de nuestro alcance registrar a los hablantes de las lenguas para “revivirlos” reproduciendo los registros cuantas veces se desee con fidelidad equivalente a la que tendrían si estuviesen presentes enseñándolas.
De ese modo, y recuperando el asunto de la desaparición de lenguas de la entrada anterior, mi muy personal opinión es que podemos abandonarnos al radical pragmatismo. Desaparecen las excusas para decir a los hablantes de tal o cual lengua que no está bien que dejen de hablarla. Teresa Moure se pregunta “¿con que dereito pretende un ser humano impor aos outros a súa lingua?”, pero debemos preguntarnos también “¿con qué derecho pretende un ser humano imponer a otros que no abandonen su lengua?”. De modo que, si ya poco admisible me parece que se pretenda que la mantenga aun a riesgo de que si no lo hace la lengua quede muerta más allá de toda posibilidad de recuperación, menos legitimidad tiene pretenderlo cuando sí existen los medios para registrarla. Me parece totalmente rechazable el cuestionamiento que Moure hace (“os individuos máis novos non están dispostos a manter unha forma secular de vida”) de la libertad de los individuos a escoger lo que más les conviene en sus vidas, particularmente en el campo lingüístico que al fin y al cabo está basado en asociaciones arbitrarias entre significantes y significados, como sabemos. Lo que debe hacer un lingüista comprometido con la diversidad no es pelear por el mantenimiento de la separación cultural que preserve las lenguas (“dereito dos pobos a existir”), sino registrarlas antes de que desaparezcan: y tenemos la certeza de que absolutamente todas las lenguas del presente, sea por evolución o extinción, habrán desaparecido en un futuro más o menos lejano.

29/11/2010

Desaparición de lenguas

Hablando de asesinato de lenguas, Teresa Moure manifiesta intencionalidad respecto a la conciencia del lector de su artículo en Grial. Por otro lado, se califica de “terrible” el impacto de los sistemas occidentales triunfantes, implicando que es algo malo, cuando bastaría el adjetivo “enorme” por ejemplo, y se denomina dicha influencia “imperialismo” con una clara connotación negativa, siendo discutible que exista ningún imperialismo (sistema organizado de dominación) a estas alturas, ni que el imperialismo sea un hecho netamente negativo. Tales asociaciones me parecen de todo punto rechazables por lo que sigue:
Para hablar de asesinato debe haber intencionalidad. Durante la Revolución francesa, uno de los puntos que los Gobiernos revolucionarios se plantearon fue cómo eliminar las lenguas regionales. Dicho así de seco, parece una salvajada, pero valorándolo con la mente abierta y en el contexto de que la multiplicidad de dialectos regionales era un producto del atraso, no deja de comprenderse que detrás de dichos planes había una intención benéfica, de llevar la égalité a todos los ciudadanos de la République, por mucho que los medios para ello fuesen en ocasiones tan abominables como imponerlo a golpe de guillotina. Pero en casos como este sí podría hablarse de asesinato de lenguas, cuando existe una voluntad consciente contra un código lingüístico.
Sin embargo, el único argumento que la autora da para considerar “asesinato” a la desaparición de lenguas es el gran número ellas amenazadas. Para sostener dicha calificación deben aportarse referencias o datos pasados comprobados de lenguas que hayan sido eliminadas deliberadamente con éxito. A lo largo de la Historia ha habido casos incontables (literalmente) de lenguas desaparecidas antes de que existiera política lingüística alguna a favor o en contra de ninguna. La autora muestra una clara contradicción exponiendo los dos motivos que hacen desaparecer lenguas hoy en día (sistemas educativos y medios de comunicación) oponiéndolos a lo que se podría considerar “muerte natural” de una lengua (“uns chegan, outros se van”). Pues ¿de qué modo “se van” las lenguas, de qué modo desaparecen naturalmente? Perdiendo hablantes, por supuesto, y ¿por qué pierden hablantes? Porque éstos se mueren o pasan a usar otras lenguas. Dichos dos motivos son precisamente los que atraen a los hablantes a unas lenguas en lugar de a otras, sin necesidad de obligarles a abandonar las anteriores.
No olvidemos qué es una lengua: un sistema de comunicación. Es decir, una herramienta. La gente empieza a hablar una u otra lengua según haya un uso de ella en su entorno, y esto lo mismo vale para la primera lengua materna como para cualquier otra adquirida a lo largo de la vida. En una situación natural, la utilidad (el uso) acostumbra a la gente a una u otra lengua, y en el lado opuesto, la inutilidad (falta de uso) hace que la gente abandone lenguas. Ése es el proceso natural, y si los sistemas educativos (que deben enseñar lo útil, en el sentido de lo argumentado hace tres entradas) y los medios de comunicación (que si son libres suelen moverse por la utilidad comunicativa y el pragmatismo) son los motivos que hacen triunfar o desaparecer lenguas, no es correcto hablar de asesinato sino de hecho de muertes naturales.

28/11/2010

Lengua vs dialecto

He de remitirme en este punto al análisis extenso que se encuentra en las dos primeras entradas de este blog que trataron de lenguas ("Glotogénesis..." y "Lenguas separadas..."). Me limito ahora a reflejar los aspectos aplicables a la diferenciación entre dialecto y lengua para llegar, mediante premisas diferentes, a la misma conclusión que Teresa Moure de que: "as decisións sobre que variedade promocionar, estandarizar, difundir ou falar non son decisións “científicas” tomadas asepticamente polos especialistas; son, ante todo, decisións políticas."
Para empezar, es bien conocido el principio de que una lengua es siempre dialecto respecto a aquélla de la que procede (especialmente, añado, cuando dicha lengua es una de varias ramas de un tronco primigenio). Pero a partir de ahí la diferenciación entre uno y otro término se pierde en una nebulosa, como bien ejemplifica dicha autora con los numerosos argumentos y contraargumentos que se pueden encontrar para establecer una variedad como lengua o rebatirla y mantenerla en dialecto.
En el fondo, “lengua” y “dialecto” son términos que especifican una idea previa, que podemos llamar, como acabo de hacer, “variedad” lingüística. El tinte diferenciador entre aquellos dos conceptos reside en la independencia que se atribuye a cada uno. La lengua es independiente; el dialecto no. Incluso con ojos ecolingüísticos, un dialecto es más “perdible” que una lengua con todas las de la ley. A ojos de los hablantes, también es más miscible además con variedades vecinas.
A falta de criterios cualitativos claros considero que la ausencia de una cuantificación fiable de la variación lingüística (más allá de los recuentos de vocabulario común), que permitiría establecer límites numéricos indiscutibles (“hasta aquí es sólo dialecto, a partir de aquí, lengua”), la separación de los conceptos de “lengua” y “dialecto” se mantiene en la nebulosa desde el punto de vista lingüístico, y por tanto queda sujeto a la consideración “política” que de cada variedad tengan sus hablantes, es decir, que son ellos quienes deciden si lo que hablan es diferente (por tanto lo llamará “lengua” o “idioma”) de lo que habla el vecino. Por ejemplo, hay comparativamente más diferencias entre dialectos del inglés o los dialetti de Italia que entre variedades eslavas (ver clasificación de Linguasphere) o algunas de España que sí se llaman lenguas.
De ahí que se trate de una decisión exterior a lo que pueda decir la ciencia lingüística, al verse ésta obligada a afirmar escépticamente que la diferenciación entre los dos conceptos no es clara y a resignarse a que la distinción que pueda establecer sea más débil que la conciencia política de los hablantes.

26/11/2010

Eurocentrismo y valores universales

Corresponde, como se suele decir, a “épocas felizmente superadas”, el que los europeos, como cualquier otra civilización, considerasen ciegamente que sus valores eran los “buenos”. Era una cuestión de plana ignorancia, por no haberse enfrentado a la diversidad, con lo que ello supone de ruptura de esquemas preconcebidos y asentamiento de valores sobre cimientos más profundos, basados en principios más generales que hayan sido inducidos de la diversidad.
Pero precisamente el aspecto positivo del eurocentrismo reside no en sostener determinados valores, sino en el proceso de conocimiento, comparación y profundización. El artículo de Teresa Moure trae como ilustración de portada a Sequoya, que inventó el silabario para la lengua cherokee, causando furor entre sus tribales, que en pocos años superaron en alfabetización a los mismos colonos estadounidenses. Pues bien, lo destacable no es que los Cherokee realizaran tal logro gracias a su alejamiento de los europeos mediante un silabario independiente, sino que el mismo Sequoya estuviera motivado por el ejemplo de los europeos y sus “hojas parlantes”, es decir, que en realidad dicha tribu adoptó con avidez una virtud europea, que no era el alfabeto latino, un valor superficial, sino la alfabetización, más profundo que de por sí ya es beneficioso independientemente del alfabeto en que se produzca.
La ciencia ayuda a romper los prejuicios; el propio método científico implica mantenerse dispuesto a aceptar que uno se ha equivocado. Su validez y éxito se basan en la capacidad que concede para comprender y manejar la realidad. El método científico es una creación básicamente occidental; y no es eso lo que lo hace mejor o peor, sino el susodicho éxito. Con esto quiero decir que, igual que aprendimos en tiempos pasados que nuestros valores no eran absolutos (cosa en que los europeos sí nos distinguimos de la mayoría de pueblos), tampoco podemos por ello asumir que todo es discutible.
Vaya esto último por el cuestionamiento que a menudo se hace de la aplicación de los valores europeos al resto del mundo. En el caso de Sequoya, el valor europeo no era el alfabeto sino la alfabetización; en casos más serios, como el de los Derechos Humanos por ejemplo, son producto de una reflexión posterior al contraste que ofrece la diversidad, por ello se extienden conscientemente a toda la Humanidad. Incluso se defienden valores europeos cuando se apela a atender la diversidad.